Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



viernes, 16 de diciembre de 2011

Realidade literária Rolando Lazarte


Realidade literária

Aquela tarde, passara um tempo que não pôde ser medido com relógio, conversando com uma muito querida amiga, acerca de literatura. Lembrava de ter ouvido um comentário sobre um livro de Dostoievski, Noites Brancas, acerca de uma personagem que lhe despertara o interesse. Lembrava de ter conversando com esta pessoa tão querida, e enquanto conversavam, o tempo ia escoando como por uma ampulheta, lenta e continuamente. Lembrava de ter recordado o quanto o mergulho na leitura das obras de Cronin, lhe fora benéfico, em anos de profundas dores internas e externas. Compreendia, então, cada vez mais, outros sentidos mais profundos e completos, daquela frase de Julio Cortázar que tanto meditara desde os últimos dias de novembro, prévio à viagem para São Paulo para comemorar com seus irmãos e família, o aniversário de Arturo. A frase dizia mais ou menos assim: que a literatura destrói a falsa objetividade criada pelo intelectualismo. Não sabia se era uma frase textual, mas não importava. Nas suas meditações, e em conversas como esta daquela tarde de dezembro, com aquela amiga tão querida, em que o temo escoava como criando uma realidade fora da cotidianidade e ao mesmo tempo tão real, percebera que a realidade literária é, de fato, muito mais real do que a falsa objetividade criada pelo intelectualismo. E qué falsa realidade é essa? A de que existe um mundo objetivo, um mundo de coisas, e que você é uma coisa e eu sou uma coisa, e de que tudo são coisas. A verdade é que criamos o mundo em que existimos. O mundo é uma criação nossa. E a doença intelectualista, a alienação intelectualista, é a que rouba a realidade e põe no seu lugar uma cópia, algo estranho e invertido. Você já não é mais você, mas algo que alguém lhe convenceu que você era, e não é nada bom, é o contrário da sua realidade mais profunda. Por isso a frase de Cortázar cada vez mais me vai revelando que a vida é uma criação subjetiva, é feita por cada pessoa. Isto é uma verdade radical. É o que Jesus disse.

Rolando Lazarte

Doctor en Sociología por la Universidade de São Paulo. Miembro del Polo Formador en Terapia Comunitaria del MISC-PB/Movimento Integrado de Saúde Comunitária da Paraíba, Brasil. Autor de Max Weber, ciencia y valores (Buenos Aires: Editorial Homo Sapiens, 2005), Mosaico (João Pessoa, Editorial da Universidade Federal da Paraíba, 2003) y Resurrección (Juiz de Fora, Minas Gerais, Estudio Três, 2009).
 

lunes, 12 de diciembre de 2011

Graciela Maturo - Seis poemas


Las mariposas

Las mariposas siguen
ardiendo
sobre los radiadores de esas máquinas
que los hombres llaman automóviles
Arden hermosamente
junto con nuestras trenzas, con las hojas
recogidas en el parque al atardecer,
con los cuadernos dibujados y el sueño
de las adolescentes
absortas de amor
que sabían mirar desde el lado del pájaro.
Arden aún con sueños que resplandecen.
Es su manera de existir
de decir su delirio  entre los muebles
que crujen en el alba
entre los libros fósiles
desordenados en los viejos pupitres.
Ese minuto de su muerte dura para nosotras
es un rito
reconocido por dos chiquillas  que se encuentran
en un lugar sin  tiempo
para volver al parque donde un árbol espera
y descubrir  que nada está perdido
que nunca nos alejamos de su sombra
y estamos aquí
danzando
esperando a los ángeles
entre alacranes insomnes
y mariposas que se suicidan.

 

El rumor de la rosa

Escucha su rumor.
Es una rosa que es un trueno que es un pájaro,
un bramido que crece como un bosque.
Una estrella que ruge,
un incendio nacido de un invisible corazón.

Escucha su rumor, nada viene a acallarlo.
Ni el ruido del fusil, ni el miedo, ni la noche,
ni la dura palabra de los sagaces.
Nada viene a curar esta llaga esta rosa
madera cruz ardiendo en la tormenta
furia del huracán que entremezcla los tiempos.
Flor de la tempestad
estallando entre lápidas de mármol,
manchando con su púrpura de amor
las inscripciones muertas.
Es una víscera caliente,
un corazón de todos y de nadie
nacido del calor de una muchacha
que amamanta  su hijo a la intemperie.
Crecido en la soledad del hombre,
amargo del dolor del que nunca descansa,
oscuro en la negrura de una mano aterida.
Rosa oscura naciendo del fuego callado de los pechos
nutrida en el delirio, en la esperanza.
La lluvia cae indiferente sobre los signos del despojo.
Un gran silencio llega, mojado de neblinas
en la oscuridad del invierno.
Oye el rumor de la rosa que despierta.
Es una loba ardiente que alimenta
a las  auroras del futuro.



Dafne

La mirada de Apolo enamorado
la tocó como un rayo.
Su alma fue llamada a una isla de luz
su cuerpo se transformaba en verdes ramas
cantantes
ebrias de puro ser.
Conoció el arrebato de nubes indescriptibles
y la felicidad de nadar entre hojas de diamante.
Una mirada de fuego
la sostenía sobre el abismo.

Moraba en la alegría de una fiesta
de niños y racimos.
La vida era un paso de danza
hacia el cerúleo mar resplandeciente.

La acompañan memorias encendidas
dalias de fuego
un viento
hecho de pájaros.
Déjala reposar entre fulgores
no temas por su muerte.




Poema para Alejandra en su cuna de cedro

El aire desparrama los papeles en el cuarto vacío
en el séptimo cielo
tu cárcel de princesa
alejada    alejandra
ahora que no estás
y están tan solos
los tiernos dibujos en la pared
las mariposas clavadas en su  jaula de terciopelo.

Ahora que no estás donde tampoco estabas
Alejandra lejana
me castigo nombrándote.
Por esa soledad de tus flores deshechas
por tu altivo reinado de pájaros de trapo
por tu pregunta triste de niña en el asombro.
Alejandra
castígame con tu pena
con el rumor de tu nuca florecida
y   tus velocípedos de alambre.
No permitas que olvide
aquella vela roja  que te llevé una tarde
ni  la forma perfecta de una palabra tuya
cuando hacías  nacer el cristal de la rosa,
la rosa de una lágrima.

Alejandra , te nombro,
ya no más lejos, viva
devuelta al gran regazo de tu madre nocturna
nacida de esa cuna de cedro en que no estás
en que sólo reposa la osamenta de un pájaro.
Ahora el pájaro corre abierto ya en el viento
y el fuego lo desnuda.



San Miguel
 
Hoy he llegado a la ciudad de las campanas.
Los lapachos inventaban la primavera
y las flores caían embriagadas  por el peso
de su propia belleza.
Sabía que estabas en la plaza
junto a las torres del Arcángel.
No necesitaba mirarte
para sentir tu presencia
cerca de las sirenas.
Pasé a tu lado y pude leer lo que leías
en un pequeño libro amarillento:

                   De un alma te desdeñas ser señora
                   donde siempre moraste no pudiendo
                   della salir un hora...

Desde las torres se desprendía
una luz incierta
hecha de tiempo detenido.
La última pincelada del sol
teñía de rosa el mármol de la fuente.
Anduve deshabitada por las calles
como si un viento poderoso llevara
 mi cuerpo leve.
Cerca del río sentí
la brisa húmeda del anochecer.
El alma de las aguas verdosas gemía blandamente
                     Salid sin duelo lágrimas,
                     corriendo...

Paraná, 30 de septiembre de 1998.
 


Poema a Baltasar

Nadie supo tu nombre.
Tampoco yo que por amor te nombré Baltasar.
No sé cuándo te fuiste de mi balcón,
de este planeta confuso,
ni en qué espacio de lo infinitamente abierto
mora tu alma de felino silencioso y bello.
Me falta hoy tu pecho de carbón
el fulgor de las brasas amarillas de tus ojos
y el ondulante andar de tu cuerpo
sobre la reja.
Me falta tu mirar desde lo alto del muro
tan cotidiano como el café y el pan de las mañanas.
Tu compañía irónica y distante
tu presencia a un lado y otro de mi casa
consuelo secreto de mis días.
Estabas allí,
durmiendo sobre la frescura del trébol
o velando en el techo con tu pelaje negro
y leonado bajo el sol.
Adiós hermoso amigo.
No pudimos despedirnos.
Acaso abierto al viento de la eternidad
puedas escuchar la voz de esta amiga extraña,
esquiva,
sola.


15 de Agosto de 2008


Graciela Maturo


sábado, 10 de diciembre de 2011

Poetas en traducciones VII: Tomas Tranströmer


En vinternatt  

Över världen går en mer allvarlig storm.
Den sätter sin mun till vår själ
och blåser för att få ton. Vi räds
att stormen blåser oss tomma.


Den halvfärdiga himlen/ Cielo por hacer (1962)



Una noche de invierno

Sobre el mundo se cierne la más grave
tormenta. Al alma allega su boca
y sopla para que escuchemos. Aconseja
la tormenta al soplar a nuestros vacíos.





Storm

Plötsligt möter vandraren här den gamla
jätteeken, lik en förstenad älg med
milsvid krona framför septemberhavets
svartgröna fästning.
Nordlig storm. Det är i den tid när rönnbärs-
klasar mognar. Vaken i mörkret hör man
stjärnbilderna stampa i sina spiltor
högt över träden.


Tormenta

De pronto el viajero halla el viejo
gran roble como un alce de piedra,
ancha su copa en el castillo de cenizas
del mar de septiembre.

Tormenta del norte. Tiempo de serbales
maduros. Escucha despierto en la noche
estamparse las constelaciones
sobre la antigua madera.

Tomas  Tranströmer (Suecia, 1931)
Traducciones: Alejandro Drewes

LOS CALCHAKIS ET LE CHŒUR POLYPHONIQUE DE PARIS 14.12




LOS CALCHAKIS
ET LE CHŒUR POLYPHONIQUE DE PARIS
Direction Enzo GIECO


au
PETIT JOURNAL MONTPARNASSE

14 Décembre 2011 à 20h30 (Dîner) / 21h30 (Concert)



Noël Latino-Américain en compagnie du groupe mythique de la musique d’Amérique du Sud  


Programme 
Cinq mélodies instrumentales (folklore sud-américain)
Noëls de Chez Nous
La Anunciacion - La Peregrinacion - El Nacimiento -
Los Pastores - Los Reyes Magos - La Huida
La Misa Criolla


Petit Journal Montparnasse ©
13 rue du Commandant Mouchotte 75014 PARIS
M° Montparnasse lignes 6 - 4
Tel : 01 43 21 56 70 - Fax : 01 43 21 58 89 - infos@petitjournalmontparnasse.com
Petit Journal Montparnasse Jazz Paris 14 Club de jazz Bar Jazz-club Dîner Spectacle Concert Brasserie Restaurant Paris 14ème Musique



miércoles, 7 de diciembre de 2011

ESPACIO DE POETAS SELECTOS: diciembre 2011 Pier Paolo Pasolini

Abro a la mañana…

Abro a la mañana de un blanco lunes
la ventana, y la calle indiferente
roba entre su luz y sus rumores
mi presencia infrecuente entre las hojas.
Este moverme… en días totalmente
fuera del tiempo que parecía consagrado
a mí, sin regresos ni paradas,
espacio lleno todo de mi estado,
casi prolongación de la existencia
mía, de mi calor, del cuerpo mío…
y se ha truncado… Estoy en otro tiempo,
un tiempo que dispone sus mañanas
en esta calle que yo miro, ignoto,
en esta gente fruto de otra historia

Versión de Delfina Muschietti


Al muchacho Codignola

Querido muchacho, sí, claro, encontrémonos,
pero no esperes nada de este encuentro.
Si acaso, una nueva desilusión, un nuevo
vacío: de aquellos que hacen bien
a la dignidad narcisista, como un dolor.
A los cuarenta años yo estoy como a los diecisiete.
Frustrados, el de cuarenta y el de diecisiete
pueden, claro, encontrarse, balbuceando
ideas convergentes, sobre problemas
entre los que se abren dos décadas, toda una vida,
y que, sin embargo, aparentemente son los mismos.
Hasta que una palabra, salida de las gargantas inseguras,
aridecida de llanto y deseo de estar solos,
revela su irremediable diferencia.
Y, además, tendré que hacer de poeta
padre, y entonces me replegaré sobre la ironía,
que te incomodará: al ser el de cuarenta
más alegre y joven que el de diecisiete,
él, ya dueño de la vida.
Más allá de esta apariencia, de este aspecto,
no tengo nada que decirte.
Soy avaro, lo poco que poseo
me lo guardo apretado en el corazón diabólico.
Y los dos palmos de piel entre pómulo y mentón,
bajo la boca torcida a furia de sonrisas
de timidez, y los ojos que han perdido
su dulzura, como un higo agrio,
te parecerían el retrato
precisamente de esa madurez que te hace daño,
madurez no fraterna. ¿De qué puede servirte
un coetáneo, simplemente entristecido
en la delgadez que le devora la carne?
Cuanto ha dado ya lo ha dado, el resto
es árida piedad.

Versión de Carlos Vitale
De ‘Poesía en forma de rosa’, 1964

Al príncipe 

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida…
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

Versión de Delfina Muschietti
De ‘La religión de mi tiempo’, 1961

Análisis tardío 

(Fin de los años sesenta)

Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.

Versión de Hugo Beccacece

Cercana a los ojos

Cercana a los ojos y a los cabellos sueltos
sobre la frente, tú, pequeña luz,
absorta enrojeces mis papeles.
De adolescente ardía hasta el anochecer
junto a tu demacrada claridad, y eran extraños
los rumores del viento y el canto de los grillos solitarios.
Entonces en las estancias sin memoria
dormían los parientes, y mi hermano,
tras un delgado muro, estaba inmóvil.
Ahora tú, luz rojiza, no nos dices en dónde está
y, sin embargo, iluminas y suspira
el grillo en los campos desiertos;
mi madre se peina ante el espejo,
con un gesto tan antiguo como tu luz,
y piensa en aquel hijo ya sin vida.

Pier Paolo Pasolini (Italia, 1922-1975) 




lunes, 19 de septiembre de 2011

ESPACIO DE POETAS SELECTOS: Setiembre 2011 Dante Gabriel Rosetti

El Alma de la Belleza


Bajo el arco de la Vida, donde el amor y la muerte,
El terror y el misterio, guardan su santuario,
Yo vi a la Belleza en un trono,
Y aunque sus ojos son abandono
La dibujé en la simplicidad de mi aliento.
De Ella es la mirada -sobre y debajo
Del cielo que se curva sobre ti-
Por mar o cielo o mujer, sólo hay una ley,
Ser el siervo de su palma y su corona.

Esto es lo que la Señora de la Belleza sabe,
En cuya alabanza tu voz y tu mano se agitan,
Larga sabiduría en el vuelo de tu cabello,
El diario palpitar en tu corazón y tus pies,
¡Con qué pasión irremediable, en cuántos vuelos!
¡Cuántas formas y maneras tienen sus días!

Dante Gabriel Rossetti (Inglaterra, 1828-1882)

miércoles, 24 de agosto de 2011

ESPACIO DE POETAS SELECTOS: Agosto 2011 - Amelia Biagioni (1916-2000)

La ventana

     Procura vivir de suerte
     que al final de la partida,
     saques de la muerte vida.
    
      (Anónimo)


Una ventana y nada más quisiera,
un fervoroso prólogo del vuelo,
que me instara a subir, con el modelo
de lo que se remonta en primavera.

Me bastaría sólo esa ligera
interrupción de muro y desconsuelo
para desvanecerme por el cielo
clara, sonora, libre, verdadera.

De tanto que la sueño, una mañana
encontraré en mi cuarto a la ventana
llamándome con luminoso grito.

Desde que se abra, viviré de suerte
que me sorprenda el plomo de la muerte
volando en mi retazo infinito.

unde la vara de videncia
en el nudo del alma sangre y carpo
donde empieza mi mano escriba

y en la pantalla dicho con mi letra
de ignoto lumen centelleante,
desapareciendo surge el tácito Poema.


Decir

Cuando recibo una palabra inesperada
la retengo y vigilo sus diferentes porvenires
hasta que alguno e ellos
de pronto se recuerda se incorpora
y no hay palabra ya
sino un gran viento que me empuña.


León

No importa si la pálida mujer
que en su torre escribe
amontona palabras tibias.

Cuando duerme
de un rojo salto
la arrebato y enciendo
la llevo a su selva
le infundo mi dinastía
y la obligo a reinar,
a avanzar segura y espléndida
a apresar bravamente
las palabras amantes o guerreras
y a desdeñar las otras.

Amelia Biagioni (Argentina, 1916-2000)