Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



lunes, 12 de diciembre de 2011

Graciela Maturo - Seis poemas


Las mariposas

Las mariposas siguen
ardiendo
sobre los radiadores de esas máquinas
que los hombres llaman automóviles
Arden hermosamente
junto con nuestras trenzas, con las hojas
recogidas en el parque al atardecer,
con los cuadernos dibujados y el sueño
de las adolescentes
absortas de amor
que sabían mirar desde el lado del pájaro.
Arden aún con sueños que resplandecen.
Es su manera de existir
de decir su delirio  entre los muebles
que crujen en el alba
entre los libros fósiles
desordenados en los viejos pupitres.
Ese minuto de su muerte dura para nosotras
es un rito
reconocido por dos chiquillas  que se encuentran
en un lugar sin  tiempo
para volver al parque donde un árbol espera
y descubrir  que nada está perdido
que nunca nos alejamos de su sombra
y estamos aquí
danzando
esperando a los ángeles
entre alacranes insomnes
y mariposas que se suicidan.

 

El rumor de la rosa

Escucha su rumor.
Es una rosa que es un trueno que es un pájaro,
un bramido que crece como un bosque.
Una estrella que ruge,
un incendio nacido de un invisible corazón.

Escucha su rumor, nada viene a acallarlo.
Ni el ruido del fusil, ni el miedo, ni la noche,
ni la dura palabra de los sagaces.
Nada viene a curar esta llaga esta rosa
madera cruz ardiendo en la tormenta
furia del huracán que entremezcla los tiempos.
Flor de la tempestad
estallando entre lápidas de mármol,
manchando con su púrpura de amor
las inscripciones muertas.
Es una víscera caliente,
un corazón de todos y de nadie
nacido del calor de una muchacha
que amamanta  su hijo a la intemperie.
Crecido en la soledad del hombre,
amargo del dolor del que nunca descansa,
oscuro en la negrura de una mano aterida.
Rosa oscura naciendo del fuego callado de los pechos
nutrida en el delirio, en la esperanza.
La lluvia cae indiferente sobre los signos del despojo.
Un gran silencio llega, mojado de neblinas
en la oscuridad del invierno.
Oye el rumor de la rosa que despierta.
Es una loba ardiente que alimenta
a las  auroras del futuro.



Dafne

La mirada de Apolo enamorado
la tocó como un rayo.
Su alma fue llamada a una isla de luz
su cuerpo se transformaba en verdes ramas
cantantes
ebrias de puro ser.
Conoció el arrebato de nubes indescriptibles
y la felicidad de nadar entre hojas de diamante.
Una mirada de fuego
la sostenía sobre el abismo.

Moraba en la alegría de una fiesta
de niños y racimos.
La vida era un paso de danza
hacia el cerúleo mar resplandeciente.

La acompañan memorias encendidas
dalias de fuego
un viento
hecho de pájaros.
Déjala reposar entre fulgores
no temas por su muerte.




Poema para Alejandra en su cuna de cedro

El aire desparrama los papeles en el cuarto vacío
en el séptimo cielo
tu cárcel de princesa
alejada    alejandra
ahora que no estás
y están tan solos
los tiernos dibujos en la pared
las mariposas clavadas en su  jaula de terciopelo.

Ahora que no estás donde tampoco estabas
Alejandra lejana
me castigo nombrándote.
Por esa soledad de tus flores deshechas
por tu altivo reinado de pájaros de trapo
por tu pregunta triste de niña en el asombro.
Alejandra
castígame con tu pena
con el rumor de tu nuca florecida
y   tus velocípedos de alambre.
No permitas que olvide
aquella vela roja  que te llevé una tarde
ni  la forma perfecta de una palabra tuya
cuando hacías  nacer el cristal de la rosa,
la rosa de una lágrima.

Alejandra , te nombro,
ya no más lejos, viva
devuelta al gran regazo de tu madre nocturna
nacida de esa cuna de cedro en que no estás
en que sólo reposa la osamenta de un pájaro.
Ahora el pájaro corre abierto ya en el viento
y el fuego lo desnuda.



San Miguel
 
Hoy he llegado a la ciudad de las campanas.
Los lapachos inventaban la primavera
y las flores caían embriagadas  por el peso
de su propia belleza.
Sabía que estabas en la plaza
junto a las torres del Arcángel.
No necesitaba mirarte
para sentir tu presencia
cerca de las sirenas.
Pasé a tu lado y pude leer lo que leías
en un pequeño libro amarillento:

                   De un alma te desdeñas ser señora
                   donde siempre moraste no pudiendo
                   della salir un hora...

Desde las torres se desprendía
una luz incierta
hecha de tiempo detenido.
La última pincelada del sol
teñía de rosa el mármol de la fuente.
Anduve deshabitada por las calles
como si un viento poderoso llevara
 mi cuerpo leve.
Cerca del río sentí
la brisa húmeda del anochecer.
El alma de las aguas verdosas gemía blandamente
                     Salid sin duelo lágrimas,
                     corriendo...

Paraná, 30 de septiembre de 1998.
 


Poema a Baltasar

Nadie supo tu nombre.
Tampoco yo que por amor te nombré Baltasar.
No sé cuándo te fuiste de mi balcón,
de este planeta confuso,
ni en qué espacio de lo infinitamente abierto
mora tu alma de felino silencioso y bello.
Me falta hoy tu pecho de carbón
el fulgor de las brasas amarillas de tus ojos
y el ondulante andar de tu cuerpo
sobre la reja.
Me falta tu mirar desde lo alto del muro
tan cotidiano como el café y el pan de las mañanas.
Tu compañía irónica y distante
tu presencia a un lado y otro de mi casa
consuelo secreto de mis días.
Estabas allí,
durmiendo sobre la frescura del trébol
o velando en el techo con tu pelaje negro
y leonado bajo el sol.
Adiós hermoso amigo.
No pudimos despedirnos.
Acaso abierto al viento de la eternidad
puedas escuchar la voz de esta amiga extraña,
esquiva,
sola.


15 de Agosto de 2008


Graciela Maturo


1 comentario:

Amalia Gieschen dijo...

Bellísmos los poemas de Maturo!!! Gracias!!!