Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



martes, 31 de mayo de 2011

På jorden /En la tierra (poema), por Alejandro Drewes

På jorden


Jag känner din resa genom dagar
och nätter
Men ljuset förskjuts i vatt stjärna
på jordens slätt

pulsen slår som fågels pulsen
Vem är du, man?
Vem är du?
Till er den sista sång
möjligt
som en blomma
under jorden

Alejandro Drewes

*********************

Traducción:

 
En la tierra


Hago mío tu viaje entre los días
y las noches
Pero sigue la luz en cada estrella
en el llano terrestre

el pulso late como el pulso de un pájaro
¿Quién eres tú, hombre?
¿Quién eres tú?
Para ti esta postrera canción
posible
como una flor
bajo la tierra

Alejandro Drewes

Archivos de crítica literaria VII: Seamus Heaney en "Al buen entendedor"

Seamus Heaney: Al buen entendedor, ensayos escogidos. Selección y traducción de Pura López Colomé, FCE, 2006.
Alexis de Ganges

Al buen entendedor es un libro de ensayos sobre poesía que muestra los territorios en que se ha movido Seamus Heaney a lo largo de su carrera. En conjunto forman la poética del escritor irlandés que ganó el cuarto premio Nobel para Irlanda en 1995 (después de Shaw, Yeats y Beckett). Heaney expone temas que le son familiares: vivir de una lengua injertada y sentir la nostalgia por el antiguo gaélico, la lucha de los nacionalistas irlandeses por librarse del Imperio Británico o los poetas irlandeses como buscadores de un nuevo destino que les haga olvidar los traumas del pasado.
Aunque podría objetarse a algunos textos que contengan temas relativamente alejados del lector en lengua española (aunque el libro está dedicado “A mis amigos en México. Que atentos, alientan la obra”). Sin embargo, la prosa del poeta irlandés contiene tantas cualidades de su poesía (cristalina efervescencia, visión pura del paisaje, abundantes metáforas) que la narración de su juventud y la descripción de los verdes paisajes de Irlanda no resultan tediosas. Al contrario, es como descender a su memoria y encontrar los orígenes de su poesía.
El libro está dividido en cuatro partes; cada una con un artículo central. La primera parte consta de cuatro artículos que representan los aspectos más personales en la obra y el aprendizaje del poeta irlandés. “Enseñanzas de Eliot” cuenta los diversos acercamientos de Heaney a la obra poética del autor de Cuatro cuartetos. Para Heaney, muchas de las enseñanzas tienen que ver con que: “En el ámbito de la poesía, como en el de la conciencia, las enseñanzas posibles que pueden acontecer no tienen fin. Nada resulta conclusivo, el descubrimiento más gratificantes es huidizo, el sendero del logro positivo conduce a la vía negativa” (29).
“Ganarse la rima” expone la dificultad de traducir un texto y los avatares para verter el Buile Suibhne (un texto del irlandés medieval), al inglés. “Poetizar y profesar” se refiere de la experiencia docente de Heaney y la dificultad de interesar a los estudiantes en la poesía. Pero el artículo central se titula “Escrito para los míos”, un texto autobiográfico que narra la infancia del autor en Castledawson y las tempranas visiones que nutrieron su poesía. La segunda y tercera parte del libro contienen ensayos sobre diversos hechos que afectan directa o indirectamente a la poesía (o son afectados por ella), y estudios sobre autores que influyeron a Heaney. En el primer aspecto destaca el ensayo “Envidias e identificaciones, Dante y el poeta moderno”, un recuento de las diversas reacciones que ha suscitado la obra del poeta.
Una obra se nutre de otras obras. Esta aparente perogrullada no es tal si pensamos que hay muchas maneras en que esto ocurre. Heaney se nutrió tanto de la tradición literaria irlandesa e inglesa como de poetas de otras latitudes. Hay un texto sobre W.B. Yeats, cuyo encierro al final de su vida en una torre es motivo de controversia en el ensayo “El lugar de la escritura”. También Philiph Larkin y Thomas Kinsella son motivo de sendos ensayos. Por otra parte, Heaney se muestra generoso con los nuevos poetas. En “Ubicación y desubicación”: poesía reciente en Irlanda del Norte, habla con entusiasmo de Derek Mahon y Paul Muldoon. Para Heaney, ellos están obligados –como Jung señalaba en un ensayo–, a buscar intereses más elevados para problemas irresolubles. A fin de cuentas, “El poeta está atenazado entre la política y la trascendencia, y con frecuencia se halla desubicado de la confianza en una posición en particular, merced a su disposición para ser proclive a todas las posiciones, más negativa que positivamente aptas” (74).
Hay un ensayo sobre Milosz, a quien se llama un poeta secular: “Nacido en Lituania en 1911, Czeslaw Milosz encarna a nuestro poeta secular no sólo por ser coetáneo del saeculum mismo, sino porque la palabra ‘siglo’ aparece una y otra vez a todo lo largo de su obra”. Pero los mejores artículos sobre poetas son: “¿Dylan el perdurable? En torno a Dylan Thomas”  y “Joseph Brodsky, 1940-1996”. El primer ensayo es una profusa recapitulación de la poesía de Dylan Thomas. Heaney revela su deuda y analiza algunos de sus poemas más logrados. El texto sobre Brodsky es un obituario al poeta ruso que ganó el premio Nobel en 1987 y que debió exiliarse en Estados Unidos, después de ser encarcelado y vejado por el régimen comunista. Heaney escribe este pequeño texto en que rememora a su amigo: “la intensidad y audacia de su genio, aunada al puro placer de estar en su compañía, le impedía a uno pensar en la amenaza que se cernía sobre su salud” (201).
Dos textos cierran el libro. El primero es un análisis del “Beowulf”, poema escrito en inglés antiguo a finales del primer milenio. El autor nos explica por qué considera una obra literaria este poema épico, aunque para un lector moderno sea más difícil de entender que la Ilíada o la Odisea, especialmente por los extraños nombres. Y aunque al principio los académicos se preocupaban más por cuestiones lingüísticas y filológicas, sería un famoso autor conocido por su mítica trilogía –J.R.R. Tolkien– quien con su artículo “Beowulf: Los monstruos y los críticos”, contribuiría a darle estatus literario al poema. “Tolkien asumía que el poeta había procedido a tientas por entre el material heredado –los elementos fabulosos y los relatos tradicionales de un pasado heroico– y, por medio de una combinación de intuición creativa y estructuración consciente, había logrado una unidad de efecto y un orden equilibrado” (229).
Después Heaney nos cuenta la odisea que para él representó traducir “Beowulf” del inglés antiguo al contemporáneo. Sus confesiones son interesantes para quien se interesa en traducir poesía: “Una cosa es hallar equivalentes léxicos para las palabras y acompañarlos de un sentimiento en torno al metro, y muy otra cosa hallar el diapasón que dará la nota y el timbre para la música general de la obra. Sin una cierta melodía sentida o prometida, resulta simple y sencillamente imposible para un poeta establecer el derecho de paso del traductor para entrar al texto y circular por su territorio” (246).
El libro cierra con el discurso de aceptación del Nobel: “Certidumbre de la poesía”. Texto lleno de confesiones y sabias palabras. El laureado que nunca pensó estar en ese sitio de honor, relata su infancia en Derry y lo que significó crecer entre las bombas lanzadas por los nacionalistas y vivir en un lugar en el mundo que “se enorgullece más de sus desvelos y su realismo, o se considera más calificado para censurar cualquier brote de retórica o aspiraciones extravagantes” (256). Al mismo tiempo buscaba en la poesía una certidumbre ante el relativismo, como expone en un verso: “caminar por los aires, a contracorriente de tu buen juicio” (254).
Al buen entendedor abarca artículos de 1971 a 2001, fiel reflejo de cómo las opiniones, el quehacer poético y las convicciones políticas del escritor han ido modificándose. Sin embargo, algo permanece inalterable. La certidumbre de que la poesía tiene “el poder de persuadir a esa parte vulnerable de nuestra conciencia de su bondad, a pesar de la evidencia de maldad a todo su alrededor” (271).

http://lasllavesdelsanto.blogspot.com/2007/08/seamus-heaney-al-buen-entendedor.html

miércoles, 25 de mayo de 2011

Archivos de crítica literaria VI: Graciela Maturo sobre Oscar Portela



La tentación del abismo en la obra de Oscar Portela 

*
Oscar Portela pertenece también en su talante vital y en su obra toda, a esa
legión que no solo es americana sino que reclama el derecho a serlo
plenamente. Esto no lo priva, sino que por el contrario lo obliga a un
diálogo permanente con el mundo de las ideas, a una elaboración profunda,
desde su acá, de toda incitación filosófica y de todo estímulo creador. Su
confrontación con el deconstructivismo de Jacques Derrida, será pues una
confrontación creativa, poética, capaz de extraer de su ejercicio dialéctico
abierto a últimos confines de la razón su cuota instauradora de sentido, su
nueva "imago mundi".
-
Oscar Portela, con el talento y la creatividad profunda que viene
desplegando en su obra, recobra órficamente el valor genesíaco de la
tiniebla, no para gozarse en un universo sígnico despojado de realidad, sino
para incorporar plenamente a su visión, el polo negativo.
He dicho de él - y lo han afirmado otros-, como de Ramponi, Castilla, Solá
González, que son poetas nacionales por venir de su región, sin que esto se
entienda como un mero apuntar a lo descriptivo o lo folklórico. Hay un
pensamiento en la poesía de Portela como lo hay en la de Novalis, Goethe,
Huidobro, Neruda, Molinari. Un pensar hecho de intuiciones, percepciones,
afectividad, pulsión, intelección. No es la suya la vía de un tanteo onírico
o de una vaguedad sensorial, sino la riqueza de un intelecto amoroso que no
renuncia en ningún momento a la tarea de comprender. Ejercicio activo de la
memoria-desmemoria, del saber- que acrecienta el no saber, del juego de la
presencia y de la ausencia.
-
Lo diurno y lo nocturno alternan vivamente en la poesía de Portela; digamos
que en sus últimos poemas, se inscribe decididamente en la vertiente
nocturnal. Y no es la primera vez que asoma lo nocturno en su poesía. La
noche, la oscuridad, la ausencia, la concavidad del no ser, es un latido
permanente en los ritmos con que este lenguaje se manifiesta.
-
En esa entrega total al conocer y al ser, no puede eludirse el paso por los
infiernos, la morada en el desierto de donde se vuelve con la aridez de la
pérdida o con la riqueza del encuentro. Es la salida a lo abierto, el
momento de riesgo que significa entrar en lo vedado.
El caso de Portela nos autoriza a pensar que no es América el ámbito donde
los signos se fecundan en el antí-logos de las superficies textuales que se
entrecruzan -como diría Kristeva-, sino el lugar auroral donde las escrituras
se consumen y se consuman, es decir, se realizan.
-
Discípulo de Nietzsche, Heidegger, Derrida, Deleuze, Blanchot, Klossowski y
Bataille, Portela da aliento a una deconstrucción arrasadora, acepta el
desafío de las cifras, se hunde en la babélica superposición de los
discursos, pulveriza los signos de infinitos lenguajes.
-
Espera finalmente el "golpe de gracia" de la imagen final, el poder de los
nombres y enfrenta audazmente lo demoníaco, en un trance de desnudamiento
absoluto. Se desnuda de velos y redes, del recuerdo y la voz, de los colores
y de los ritos. Pretende dejar de lado cuanto a existido, su palabra y
vivencia, para albergar en si la no-vida de las escrituras, la concavidad de
la muerte, el Eros sombrío de las nupcias con la nada.
-
Una apetencia de absolutez lo lleva a la frecuentación de abismos,
transposiciones, migraciones, autodestrucciones, de las que sale vivo,
renovado, ave fénix. Oscar Portela percibe claramente como el poema mismo es
vida y muerte, construye su propio sarcófago formal que es necesario cerrar
y abrir continuamente porque esos nombres a de borrarlos el "adviento".
-
Un estudio de la expresión poética de Portela mostraría la naturaleza ritual
y religiosa de su lenguaje, donde se manifiesta permanentemente la búsqueda
del Uno, la realización de una minuciosa liturgia, la intensidad de la
plegaria, que asume también la forma de blasfemia.
-
El suyo es un verbo incandescente que expresa el dolor de la noche de la
razón. La voluntad del Ángel Exterminador que tiene sed de absoluto y
despojamiento. Se propone buscar algo más que el "acuerdo de los sonidos y
las natalidades", avanzar más allá, en la negación de la negación misma y se
ofrece como víctima, canta a las bodas con la muerte purificadora: "muerte
que nos proteges contra el exilio del cielo", como un ángel maldito
entregándose a un destino inexorable. Su pasión, como toda pasión
intensamente vivida, es salvadora. La intensidad amorosa de la entrega lleva
en sí misma su escala de reencuentro. Se siente despeñarse al ritmo musical
del versículo, se percibe el jadeo de ida y vuelta en el trabajo poético, se
descubren tesoros que la marejada viene a depositar en la playa.
-
La lucidez del poeta es el primer ejemplo del vigía que atiende a cada
dádiva del mar: " nada abolirá el movimiento del azar". Aunque Oscar Portela
haya tomado sus impulsos más íntimos de los filósofos citados, su impulso
más profundo le viene de su propio lenguaje, de una cultura que es muerte y
resurrección de una tradición cuyo padre es Orfeo; en este punto el canto
mismo se hace escala salvífica.
-
Las palabras, las imágenes, son el hilo de Ariadna que han permitido al
poeta héroe sobrepasar las orillas de la desmesura, para ofrecernos una obra
que es al fin sólo el cuerpo, el sema, las huellas de la aventura poética.
-
La palabra de este gran poeta argentino es siempre una palabra plena, es
decir el signo de una vida interior incesantemente fecundada por la pasión y
la inteligencia. Se da en ella un doble movimiento de fuga y pertenencia que
nos hace pensar en aquella metáfora marechaliana del pez en el anzuelo.
-
Fuga hacia lo abismal y abierto, hacia la nada que atrae con la fuerza de un
sol oscuro, y es también una de las formas de lo sagrado. Pertenencia al
mundo encarnado, a la tierra, a la corporeidad destinada a sentir sus dones.
Protagoniza así ese retorno al Origen que Heidegger llama Kehre y que no
puede ser comprendido simplemente como vuelta, ni tampoco como regresión,
sino como transformación espiritual y apasionado reclamo del sentido de la
vida. Se trata de la conversión del poeta a su ser más profundo, del
despertar del yo trascendente, cuya búsqueda era, según Novalis, la más
profunda tarea del artista.
-
Así las imágenes, desgranadas en escala semántica y musical, se ofrecen como
escalera de realización, siempre en camino de ida y vuelta, entre el tiempo
y la eternidad, entre el ser y la nada, entre el goce del mundo y el sordo
llamado de la muerte. El poema es remanso de felicidad en que se revela la
plenitud del instante, y es a la vez el hueso en que la sed vuelve a
despeñarse inagotable. La obra espléndida de Oscar Portela pertenece a la
poesía americana con sus mejores fueros. Tiene el carácter ritual de una
ofrenda en que el oficiante va desvelando el misterio cósmico y la secreta
ambigüedad de su propio rostro. Un duelo interminable dicta estas elegías
que se desempeñan como una cascada lacerante de gemidos y plegarias, doradas
por los resplandores del ser que se oculta entre detritus arrastrados por el
tiempo. El poeta correntino entrega a la música las notas amargas de su
interrogación por la aventura del vivir, del conocer, amar, y morir, en una
petición de absoluto que expresa la sed viceral del viajero sobre la tierra.
Su poesía adquiere el valor de balance vital, testamento, pregunta que cala
hasta lo profundo del ser, despedida del mundo y de sus dones. Es también un
reclamo por la dignidad del hombre.
-
Oscar Portela se autoconfigura como el existente que ha llegado a una meseta
de desolación, perdido el bagaje de los deseos y esperanzas que dan sentido
a la vida. Su memoria, que arrastra briznas del Paraíso de la infancia,
agitado por el viento de los palmerales y el amor de la madre, se siente
ahora mutilada y golpeada por huracanes de cenizas.
-
“Sólo soy un pasajero del hambre” –dice- “Y aquello que alabé, aquello
innominado que iluminό mi verbo y acariciό mi alma con las dulces promesas
de los frutos más dulces, escarnio fue y castigo, y condena y exilio de mí
mismo y del tiempo que hice temblor y canto”. .... Su mirada sόlo advierte
ahora “sal en los sembrados donde vertí mi sangre, pobres temblores y
aleluyas, pobres hosannas caídos en la indigente estéril tierra de mi
patria!” Apocalíptica conciencia de destrucción del mundo, intensa noción de
la finitud, reclamo ante el Dios oculto y silencioso.
-
Las elegías que componen sus últimos libros desgranan con lúgubre pasión el
sucesivo vaciamiento del amor, el deseo, la esperanza, la voluntad de vivir.
Vedme, espectral en sueños, despedirme del canto con que aromé mis horas...
sentencia Oscar Portela en ambigua afirmación sobre la poesía.
-
Las palabras, negadas e imprecadas, que siguen siendo el nexo del poeta con
el origen y el sentido. Rodeado de sinrazón, penetrado por el sentimiento de
vacío y ausencia, la palabra es todavía el humus sagrado en que el rapsoda
mora, se expresa, muestra sus llagas, reposa. Látigo u consuelo, el canto
sigue siendo una tierra más real que la tierra que se destruye ante sus
ojos. No nos extrañe pues que las palabras sean el centro de la meditación
de Oscar Portela, oscilante entre la búsqueda del lenguaje y el retorno a
una realidad preverbal.
-
Afrontar la destrucción de la palabra, el desgajamiento del nombrar adherido
a su corazón.” Ay de vosotras, garzas voladas por el agua del deseo, a qué
llamar por mí, en mi nombre de muerto, pues quien respondería y en nombre de
qué imágenes a las visitaciones que ahora me reclaman desde un presente sin
presente?
“Las palabras se revelan inconsistentes, lejanas a la presencia
que las funda, lejanas a toda certidumbre. Sudario, naufragio, ausencias
virtuales del blanco y del azul que recuerdan a Mallarmé, imágenes de lo no
imaginable, pueblan el mundo de Portela, tenso entre los polos del Paraíso
perdido y la destrucción del Fin de los tiempos.
-
Desde el sentimiento de la absoluta soledad rememora los días felices, los
goces, los paisajes liberados a su fragilidad efímera, los seres amados.
Pero la poesía, desde antiguo, halla en sí misma su propia respuesta y
recompensa. El puro acto de confiar a la palabra la desolación y el vacío,
comienza a colmarlo con la furia descendente del verbo. Misterio de la
creación, diálogo con lo absoluto emprendido por el poeta - demiurgo que
alcanza el nivel de su propia develación-. Surge en su propia voz la visión
abarcadora del cosmos que desborda su propia e incomprensible belleza. Y el
desgarro existencial llega a engarzarse en visiones deslumbrantes de
epifanía.
-
Oscar Potela nos entrega, con el gesto de un dios exiliado y rebajado del
reino, y con implícita alusión a la larga dinastía órfica de los poetas que
en Occidente han compartido la herencia mítica y la lucidez critica dentro
del poema. Su espléndido lenguaje surge denso de originalidad, riqueza
semántica, fluidez coloquial y profusión imaginística. Portela utiliza
expresiones como desta o questa, dignas de Garcilaso; incluyen vocablos poco
usados como por ejemplo zureo o peto, sin caer en alambicamientos; varía
infinitamente el método de la metáfora en actividad creadora que no
osaríamos reducir a un conjunto de “recursos poéticos”. La poesía que
alcanza es lanzada en el alto nivel de la oda o la elegía y participa de una
energía musical que pone en marcha conjuntamente a la inteligencia, la
sensibilidad y la imaginación.
-
El poeta asume constantemente la primera persona, en afirmación lírica del
yo, y al mismo tiempo se configura como sujeto omnipresente: Es sombra,
espectro pasajero, temeroso y osado coreuta de los dioses, desalojando de mí
desterrado, conterrado, pantera, tigre. Se identifica con Orfeo buceando en
el misterio del tiempo, descendiendo al Hades, descubriendo en la música de
su flauta el sentido de su propia vida y muerte.
-
Víctor Hugo escribió con sabiduría: A quoi tient l’abîme? Attendons: Oscar
Portela se entrega a la angustia existencial, crea su verso desde la pasión
y el desgarro, renace desde las cenizas de su muerte como el fénix
mitológico, a través del canto. Hoy asistimos a los signos manifiestos de su
madurez vital en el dolor y la oscuridad de una experiencia límite, que con
los poemas de “Claroscuro”, alcanza a poner a prueba sus propios límites.
-
Desde este instantante le es irrenunciable recordar a vivos y muertos,
proclamar la orfandad de la criatura humana, reconocer la fuerza augural de
su propio canto.
-
Oscar Portela se mueve en un mundo donde toda cosa visible se desmorona ;
persigue, sin embargo, el rastro de lo permanente. Sabe que su misión es la
fidelidad a ese rastro, que se manifiesta en el mundo y más allá de él, en
su palabra.
-
Está destinado a auscultar incesantemente su propio corazón para ofrendarlo
en las aras del sacrificio. Dotado de una lucidez espectral, se reconoce
como oficiante en un final de época que tiene visos de catástrofe.
-
La palabra de Oscar Portela se eleva como una salvaje plegaria, mezclada de
blasfemia, para decirnos el despojo y la destrucción que se inician en su
propio cuerpo . Construye un arca para la salvación del mundo, como lo
proponía el cristiano Dostoievski. Intenta nombrar los restos del naufragio,
tender el exorcismo de la memoria para impedir que el viento final arrase
con lo que queda de humanidad sobre la tierra. Tal el contenido de estos
poemas que nos avasallan y acongojan, pero también nos iluminan.


Graciela Maturo.

Buenos Aires (2006)

sábado, 14 de mayo de 2011

HOMENAJE DEL CEP A ERNESTO SABATO Espacio Y 26.5 18 hs.


 
Auspicios:

ESPACIO Y - LUGAR CULTURAL
Directora: Lic. Cristina García Oliver

Mansilla 2982, PB -entre Laprida y Agüero- C.A.B.A.

Organizador:
Centro de Estudios Poéticos “Alétheia”

Directora: Graciela Maturo

Presentación: Alejandro Drewes
(Secretario CEP)


Expositores

GRACIELA MATURO

HORACIO SALAS

SILVIA LONG -OHNI

Intermedio con piezas de música argentina, a cargo de las intérpretes

Inés Eckell (flauta) y Mara Zoccola (guitarra)

En el acto de homenaje se pondrán a la venta ejemplares de la obra

Sábato en la crisis de la Modernidad

dirigida por Graciela Maturo
con la colaboración de Jorge A. Foti, María Rosa Lojo y otros autores
y publicada en 1984 por la editorial García Cambeiro.

martes, 10 de mayo de 2011

Marceline Desbordes-Valmore (Francia, 1786-1859): Un poema y una nota de Baudelaire

Les roses

L'air était pur, la nuit régnait sans voiles ;
Elle riait du dépit de l'amour :
Il aime l'ombre, et le feu des étoiles,
En scintillant, formait un nouveau jour.

Tout s'y trompait. L'oiseau, dans le bocage,
Prenait minuit pour l'heure des concerts ;
Et les zéphyrs, surpris de ce ramage,
Plus mollement le portaient dans les airs.

Tandis qu'aux champs quelques jeunes abeilles
Volaient encore en tourbillons légers,
Le printemps en silence épanchait ses corbeilles
Et de ses doux présents embaumait nos vergers.

Ô ma mère ! On eût dit qu'une fête aux campagnes,
Dans cette belle nuit, se célébrait tout bas ;
On eût dit que de loin mes plus chères compagnes
Murmuraient des chansons pour attirer mes pas.

J'écoutais, j'entendais couler, parmi les roses,
Le ruisseau qui, baignant leurs couronnes écloses,
Oppose un voile humide aux brûlantes chaleurs ;
Et moi, cherchant le frais sur la mousse et les fleurs,

Je m'endormis. Ne grondez pas, ma mère !
Dans notre enclos qui pouvait pénétrer ?
Moutons et chiens, tout venait de rentrer.
Et j'avais vu Daphnis passer avec son père.

Au bruit de l'eau, je sentis le sommeil
Envelopper mon âme et mes yeux d'un nuage,
Et lentement s'évanouir l'image
Que je tremblais de revoir au réveil :

Je m'endormis. Mais l'image enhardie
Au bruit de l'eau se glissa dans mon coeur.
Le chant des bois, leur vague mélodie,
En la berçant, fait rêver la pudeur.

En vain pour m'éveiller mes compagnes chéries,
En me tendant leurs bras entrelacés,
Auraient fait de mon nom retentir les prairies ;
J'aurais dit : " Non ! Je dors, je veux dormir ! Dansez ! "

Calme, les yeux fermés, je me sentais sourire ;
Des songes prêts à fuir je retenais l'essor ;
Mais las de voltiger, (ma mère, j'en soupire,)
Ils disparurent tous ; un seul me trouble encor,

Un seul. Je vis Daphnis franchissant la clairière ;
Son ombre s'approcha de mon sein palpitant :
C'était une ombre, et j'avais peur pourtant,
Mais le sommeil enchaînait ma paupière.

Doucement, doucement, il m'appela deux fois ;
J'allais crier, j'étais tremblante ;
Je sentis sur ma bouche une rose brûlante,
Et la frayeur m'ôta la voix.

Depuis ce temps, ne grondez pas, ma mère,
Daphnis, qui chaque soir passait avec son père,
Daphnis me suit partout pensif et curieux :
Ô ma mère ! Il a vu mon rêve dans mes yeux !


Marceline Desbordes-Valmore (Francia, 1786-1859)


Fragmento de "El Arte Romántico", por Charles Baudelaire.
Traducción de Nydia Lamarque, 1º edición, 1961, México, Editorial Aguilar.



(...) Si el grito, si el suspiro natural de un alma escogida, si la desesperada ambición del corazón, si las facultades súbitas, irreflexivas, si todo cuanto es gratuito y viene de Dios bastan para hacer al gran poeta, Marceline Valmore es y será siempre un gran poeta. Es cierto que si nos tomamos el trabajo de señalar todo lo que le falta de cuanto puede adquirirse por el estudio, su grandeza quedará singularmente disminuida; pero en el mismo momento en que uno se siente más impaciente y desolado por la negligencia, por el estorbo, por lo turbio, que uno toma, uno, hombre reflexivo y siempre responsable, por un resultado de la pereza, se yergue una belleza súbita, inesperada, sin par, y henos ahí arrastrados irresistiblemente hasta el fondo del cielo poético. Jamás poeta alguno fue más natural; ninguno fue jamás menos artificial. Nadie ha podido imitar ese encanto, porque es completamente original y nativo.
Si alguna vez un hombre deseó para su mujer o su hija los dones y los honores de la Musa, no ha podido desearlos de otra naturaleza que los que fueron acordados a la señora Valmore.

(...) De modo que la señora Valmore ha encontrado en su misma sinceridad su recompensa, es decir, una gloria que creemos tan sólida como la de los artistas perfectos. Esa antorcha que agita a nuestros ojos para iluminar los misteriosos boscajes del sentimiento, o que posa, para reavivarlo, sobre nuestro más íntimo recuerdo, amoroso o filial, esa antorcha la encendió ella en lo más hondo de su propio corazón. Víctor Hugo ha expresado magníficamente, como todo cuanto él expresa, las bellezas y los encantos de la vida de familia; pero sólo en las poesías de la ardiente Marceline encontraremos ese calor de nidada materna, de la qué algunos hijos de la mujer, menos ingratos que los, otros, han conservado el delicioso recuerdo. Si no temiera que una comparación demasiado animal fuera tomada como una falta de respeto para con esta mujer adorable, diría yo que encuentro en ella la gracia, La inquietud, la flexibilidad y, la violencia de la hembra, gata o leona, apasionada de sus cachorros.

http://www.taringa.net/posts/arte/1591038/Marceline-Desbordes-Valmore.html

lunes, 9 de mayo de 2011

ESPACIO DE POETAS SELECTOS: Mayo 2011 - Vladimir Holan

 

Cuando llueve en domingo y tú estás solo...

Cuando llueve en domingo y tú estás solo,
completamente solo,
abierto a todo, pero no llega ni el ladrón
y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,
¡no esperes ni hablar contigo mismo!
Entonces el ángel es el único que sabe
lo que hay encima de él,
entonces el diablo es el único que sabe
lo que hay debajo de él.

El libro sostenido, el poema al caer...



Será

Sí, podría decirle
por qué tiene usted miedo cuando caen las hojas
en el bosquecillo o en la alameda.
Y podría decirle,
por qué se rió Hölderlin
cuando le sacudían ciruelas en la cabeza.
Pero antes de que se vuelva usted en pos del sonido
y antes de que se vuelva usted en pos del color,
será otra cosa y vendrá de otra parte...

Vladimir Holan (República Checa, 1905-1980)


Versiones de Clara Janés