Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



viernes, 21 de diciembre de 2012

Poetas en traducciones XI: Edith Södergran


Dagen svalnar mot kvällen...


I

Dagen svalnar mot kvällen...
Drick värmen ur min hand,
min hand har samma blod som våren.
Tag min hand, tag min vita arm,
tag mina smala axlars längtan...
Det vore underligt att känna,
en enda natt, en natt som denna,
ditt tunga huvud mot mitt bröst.
 
 
II

Du kastade din kärleks röda ros
i mitt vita sköte -
jag håller fast i mina heta händer
din kärleks röda ros som vissnar snart...
O du härskare med kalla ögon,
jag tar emot den krona du räcker mig,
som böjer ned mitt huvud mot mitt hjärta...
 
  
III

Jag såg min herre för första gången i dag,
darrande kände jag genast igen honom.
Nu känner jag ren hans tunga hand på min lätta arm...
Var är mitt klingande jungfruskratt,
min kvinnofrihet med högburet huvud?
Nu känner jag ren hans fasta grepp om min skälvande kropp,
nu hör jag verklighetens hårda klang
mot mina sköra sköra drömmar.


IV

Du sökte en blomma
och fann en frukt.
Du sökte en källa
och fann ett hav.
Du sökte en kvinna
och fann en själ -
du är besviken. 
                       
Dikter, 1916 

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Hacia el atardecer refresca el día...


I

Hacia el atardecer refresca el día...
Bebe el calor de mi mano,
mi mano que tiene la misma sangre que la primavera.
Toma mi mano, y mi blanco brazo,
y el anhelo de mis delgados hombros...
Sería maravilloso sentir
una sola noche, una noche como ésta,
el peso de tu cabeza sobre mi pecho.


II

Arrojaste la rosa roja de tu amor
en mi blanco regazo - 
sostengo en mis manos ardientes
la rosa roja de tu amor que pronto se marchitará...
Oh tú, soberano de ojos fríos,
yo acepto la corona que me donas,
la que dobla mi cabeza  sobre mi corazón.


III

Hoy he visto a mi señor por primera vez
y temblando lo reconocí de inmediato.
Ahora siento su pesada mano sobre mi ligero brazo...
¿Dónde está mi cantarina risa virginal,
mi libertad de mujer con la cabeza alta?
Siento ya su firme abrazo en mi cuerpo palpitante,
oigo ahora el duro sonido de la realidad
contra mis frágiles, frágiles sueños. 


IV

Una flor buscabas
y encontraste un fruto.
Buscabas una fuente
y encontraste un mar.
Una mujer buscabas
y encontraste un alma -
estás decepcionado. 
   
Poemas (1916)

Traducciones: Alejandro Drewes


Edith Södergran (1892-1923): Poeta finesa de expresión sueca, nacida en  San Petersburgo.
Vivió parte de su niñez en Carelia, un enclave finés en lo que fuera hasta 1917 territorio ruso. Publica su primer poemario, Dikter/ Poemas, en 1916, aunque  ya en el segundo, September lyran/ Lira de setiembre, es evidente el giro de su poética, la ruptura con el metro clásico y una cosmovisión que toma elementos del modernismo y en lo filosófico del pensamiento de Nietzsche; y que deviene de una dolorosa visión interior, resultado de la enfermedad (tuberculosis) que acabaría tempranamente con su vida, contagiada al parecer de su padre.
Huyendo de la residencia familiar de Raivola tras la Revolución rusa (1917) y la guerra civil finlandesa en la región,  Södergran pasa largas temporadas en sanatorios, primero en Finlandia y finalmente en Davos, en la clínica en la que Thomas Mann ubicaría el escenario de La Montaña Mágica.
En medio de algunas críticas muy duras a causa del estilo, la métrica y las imágenes de sus textos, fuertemente influidas por el modernismo francés, publica otras dos colecciones de poemas: Rosenaltaret/ El altar de la rosa (1919) y Framtidens skugga/ Sombra del futuro (1920).
Su obra ha sido traducida a la mayor parte de las lenguas europeas.


Referencias en castellano sobre la obra de Edith Södergran

Edith Södergran: Antología poética (trad.: Jesús Pardo). Madrid, Visor, 1992. ISBN 84-7522-283-8
Poesía nórdica. Madrid, Ediciones De la Torre. Biblioteca Nórdica Nº. 2, pp. 25-32 (compilación y traducciones: Francisco Úriz, Kirsti Bagetthun, Mona Moltke, Pentti Saaritsa y José Antonio Fernández Romero).

Referencias en sueco sobre la obra de Edith Södergran

Project Runeberg (Univ. Linköping): http://runeberg.org/

lunes, 10 de diciembre de 2012

ESPACIO DE POETAS SELECTOS: diciembre 2012 Yannis Yfantís




ESPACIO-TIEMPO

Tres días antes de morir el vecino
su perro aullaba, viendo
las fases de la muerte en el futuro.

Qué milagro, un perro
como el dios del Eclesiastés
que ve pasadas todas las cosas
a una distancia de tres días un perro
distinguió el acto de una muerte.

Yo, no obstante, encuentro que no soy
ni dios ni perro, pero algo
tengo del tedio del dios –
y algo de la tristeza del perro.



VIERNES SANTO

Hablando con luz vaciaste el Sol;
ahora el Sol se halla en eclipse
y tú su corona de espinas llevas.



SIEMPRE AQUÍ


No hay tema; estoy aquí; estoy siempre aquí.

Escribí la Canción del Arpista en el 2000 a.C. en Egipto.
Escribí La Odisea en el 800 a.C. en Jonia.
Escribí el Tao Te King en el 600 a.C. en China.
Escribí en el siglo XI en Konya el Masnavi o Manavi.
Concluí exiliado en Rávena la Comedia que Boccacio denominó Divina.
Escribí La Mujer de Zákinzos
Los Cuatro Cuartetos
Zorzal
Mantraspenta.

No hay tema; estoy aquí; estoy siempre aquí.

1985


LIBRO MUNDO

Sólo un libro se ha escrito
y se ha escrito con cosas y no con palabras.

Sólo un libro se ha escrito
y se ha escrito desde el Mundo con el Mundo para el Mundo.

El Mundo es el libro del Mundo.


*

Fin no tiene el Mundo ni principio;
pero el poeta al descubrir el Mundo
es como si lo construyese desde el principio.

*

Sólo hay un libro que leer
y éste es el libro del Mundo.

*

Que escribo querrá decir que leo el libro del Mundo.
Todos mis escritos no son más que subrayados en el libro del Mundo;
todos mis escritos no son más que notas, pinturas,
en los márgenes de sus páginas.

Que escribo querrá decir que muestro a la gente
que intento compartir con ella
la belleza o el horror que leo en el libro del Mundo.

Porque nadie soporta leer a solas el libro del Mundo.

Éfeso, Templo de Ártemis, 1988 A.D.



LA SOLEDAD Y EL MARTIRIO DE MANSUR HALLAY
(26 de marzo, 922, día martes, Bagdad)

Fue acusado
de estimar mucho más a Jesús que a Mahoma;
de escribir libros y de llenarlos
de pinturas, como los griegos
(cosa que la fe prohibía).
Lo llamaban hereje porque decía
que el centro de adoración no se halla sólo en La Meca sino en todas partes.
Y la copa de los fieles rebosó cuando dijo
«Ana al-jaqq» (Yo soy la Verdad)
.

Lo detuvieron, lo juzgaron, lo condenaron.
Y cuando le cortaron manos, pies, nariz, orejas,
en absoluto gimió, en absoluto habló.
Y cuando le arrojaron piedras permaneció tranquilo como si le hubiesen arrojado flores.
Sólo por un momento se estremeció;
cuando uno de sus amigos se atrevió
a lanzarle una flor.
Entonces se estremeció
y mostró que sufría como si le golpeara una piedra.


VENGO

No sé si fue Ritsos u Homero
el que me convenció para entrar en el Caballo de Troya
teniendo sólo una espada y un espejo.

Vengo del desierto allí donde la arena
es la aflicción de cada forma.

Vengo de las Osas llevando
un fardel de estrellas y sosteniendo
en la mano una máscara de luna.

Vengo de la choza tejida con ramas refulgentes.
Vengo de una casa hecha de espejos.

Vengo del desfiladero curvo como espada
hecha mitad de nieve mitad de flores.

Vengo de las orillas del río montañés
allí donde cataratas ascetas
se mantienen de pie en las pétreas tinajas.

Vengo del Norte; con patines de hielo
dos medias lunas, sin parar me deslicé
sobre las nieves durante tres mil años.

Vengo de las tribus de los tártaros; soy el general
que degolló a Attar
y también soy
el mismo Attar y el cuchillo que lo degolló.

Vengo de la negra galaxia de las hormigas que arrastra
una mariposa muerta como si fuese
el velero de un ángel como si fuese
Ícaro tras su caída.

Vengo de Grecia que eleva
con la mano el Peloponeso y disemina
a su alrededor las islas para que no esté
solo extendido en el mar.

Vengo del agujero de una rama podrida
en el que oficiaba en traje de abeja salvaje
o en el que llevaba talares vestiduras de mariposa.
Vengo de allí del atardecer
de Tesalia, donde pastoreé
durante mil años un rebaño de llamaradas.

Vengo del libro de Anaximandro; en él
me encuentro siempre doquiera que vaya.

Me preguntan de dónde vengo.
                      ¿Qué decirles?
No me entenderían.
                      Y luego
me llevarían atado al psiquiatra.

«Vengo», dije, así de simple, «de Agrinio»,
escondiendo cuanto pude en esta palabra
lo «agrio», la «n», la «i» y sobre todo
la «o», que es venero y veneno,
casa mía y espejo y laberinto (pero sí
el más complejo laberinto y que parezca
tan simple, un ínfimo anillito).

Salónica, 1994


Y SI CUAL DELFÍN

Y si cual delfín salgo del sueño y me sumerjo de nuevo
                      en el sueño intentándolo
una y otra vez
es porque rondo aquel sueño el más profundo,
                      el absoluto,
                      el olvido
del que matutino despertaré al alba del mundo
lirio y agua fría
                      y con pestañas
                      rayos.


MICENAS

Llegamos al mediodía y ascendemos
hacia los palacios de Agamenón
el aljibe y los antiguos apriscos. Atravieso
la Puerta de los Leones, siempre
por última vez.
Heroicas, grandes piedras. Y sin embargo
su Puerta Oriental muestra que
los héroes tenían más o menos mi estatura. Oh Sol
mi antiquísima careta áurea, te llamo
y aquí entro en el enorme sepulcro y continúo
y distingo a la derecha una nueva puerta más pequeña y me detengo
y me reflejo
                en la oscuridad: Oscuridad.



HISTORIA NEOGRIEGA

Veinte años llevo sembrando tabaco; veinte años de
brotes, escardaduras, riegos,
labranza, más labranza y rastrillaje
y plantación y escarda y riego y acumulación y enristrado y selección e insolado y corte y al final
agavillado
para que venga el mercader a tasar
el 66 por ciento para el estado
el 27 por ciento a su bolsillo
y el 7 por ciento para nosotros
y dentro de ese siete por ciento
estarán abonos, riegos, labranzas, mano de obra,
nuestro curro, nuestras deudas y la vida
que quiere la vida y nada
fuera de ella la consuela.

Si la mitad emigramos
si ya no tenemos seguridad
y no nos saciamos con el descanso y el sueño y la comida
no es porque no trabajásemos
no es porque no ahorrásemos
no es porque no fuésemos los afortunados;
es porque nos robaron y nos roban:
No fueron los persas ni los venecianos
ni los turcos ni los alemanes
sino nuestros
jenízaros de la riqueza y la cultura
políticos y académicos
                                     Iglesia y empresarios.
Es porque nos robaban
                                     y nos roban
Agrinio, 1976


Yannis Yfantís  (Grecia, 1949)
Traducciones: Mario Domínguez Parra



domingo, 2 de diciembre de 2012

Wislawa Szymborska: Cuatro poemas


La habitación del suicida 

Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un Cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?
Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.
No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.
Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.
Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.
  


Un terrorista: Él observa

La bomba explotará en el bar a las trece veinte.
Ahora apenas son las trece y dieciséis.
Algunos todavía tendrán tiempo de salir.
Otros de entrar.
El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.
Esa distancia lo protege de cualquier mal
y se ve como en el cine:
Una mujer con una cazadora amarilla: ella entra.
Un hombre con unas gafas oscuras: él sale.
Unos chicos con vaqueros: ellos está hablando.
Trece diecisiete y cuatro segundos.
Ese más abajo tiene suerte y sube a una moto,
y ese más alto entra.
Trece diecisiete y cuarenta segundos.
Una niña: ella va andando con una cinta verde en el pelo.
Sólo que de repente ese autobús la tapa.
Trece dieciocho.
Ya no está la niña.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
eso ya se verá cuando vayan sacando.
Trece diecinueve.
Y ahora como que no entra nadie.
En vez de entrar aún hay un gordo calvo que sale.
Pero parece que busca algo en sus bolsillos y
a las trece veinte menos diez segundos
vuelve a buscar sus miserables guantes.
Son las trece veinte.
Qué lento pasa el tiempo.
Parece que ya.
Todavía no.
Sí, ahora.
Una bomba: la bomba explota. 




Un gato en un piso vacío 

Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.

Y por la noche la lámpara ya no se enciende.
Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.

La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.
Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.
Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.



La mujer de Lot

Tal vez miré hacia atrás por curiosidad.
Pero además de curiosidad pude tener otras razones.
Miré hacia atrás porque me dio tristeza la escudilla de plata.
Por distracción: amarrándome el cordón de la sandalia.
Para no mirar más la nuca justa
de mi marido, Lot.
Por la seguridad repentina de que si yo muriera,
él no se detendría
Por la desobediencia natural de los humildes.
Escuchando cómo nos perseguían.
Conmovida por el silencio, pensando que Dios cambiaría de idea.
Nuestras dos hijas se perdían ya tras la colina.
Sentí la vejez en mí. El alejamiento.
Lo inútil de viajar. Sueño.
Miré hacia atrás mientras ponía mi hatillo en el suelo.
Miré hacia atrás preocupada por el siguiente paso.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratones de campo y polluelos de buitre.
Ni buenos, ni malos; simplemente lo vivo, todo,
brincaba y se arrastraba por un temor colectivo.
Miré hacia atrás por soledad.
Por la vergüenza de huir a escondidas.
Por las ganas de gritar, de regresar.
O porque justo entonces se soltó el viento,
desató mi pelo y me levantó el vestido.
Sentí que me veían desde los muros de Sodoma
y se morían de risa, una y otra vez.
Miré hacia atrás llena de rabia.
Para gozar plenamente su ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones mencionadas.
Miré hacia atrás sin querer.
Fue sólo que una roca giró gruñendo bajo mis pies.
Que una grieta de pronto me cortó el paso.
En la orilla un hámster agitaba las patas delanteras.
Y entonces ambos miramos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo, arrastrándome y trepando
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella grava ardiendo y aves muertas.
Por falta de aliento varias veces perdí el equilibrio.
Si alguien me hubiera visto, pensaría que bailaba.
Es posible que haya tenido los ojos abiertos.
Que haya caído mirando hacia la ciudad.

Traducciones: Gerardo Beltrán y Abel Murcia, en:
Poesía no completa. México, FCE ( 1996)



Wislawa Szymborska (Polonia, 1923-2012)

Poeta y ensayista. Estudios de Literatura Polaca y Sociología en la Universidad Jagellon.
Publica su primer poemario, “Busco la palabra” en 1945.
Obra: “Por eso vivimos” (1952); “Llamado al Yeti” (1957);“Sal” (1962);“Gente en el puente” (1986); “Fin y principio” (1993).
Distinciones: Premio del Ministerio de Cultura Polaco (1963),  Premio Goethe (1991), Premio Herder (1995)  y Premio Nobel de Literatura (1996).  Recibió además el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Adam Mickiewicz en Poznan, 1995. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

Mario Satz: El peso de la sabiduría



Cuenta Ibn Arabí de Murcia que cuando murió Averroes en el año 595 de la Hégira y en la ciudad de Marrakesh, sus discípulos decidieron trasladarlo a Córdoba. El ataúd con su cadáver fue colocado sobre una bestia de carga y como contrapeso pusiéronse sus obras en el costado opuesto. Ibn Arabí nos dice que se hallaba en compañía del alfaquí y literato Abulhasan Mohamed Benchobair y de su discípulo Abulhaquem Omar Benazarrach el copista, el cual, volviéndose a sus compañeros, exclamó:
-¿No os fijáis acaso en lo que le sirve de contrapeso al maestro Averroes en su vehículo?
A un lado va su cadáver y al otro van sus obras, es decir los libros que compuso.
            Con admiración, Benchobair repuso:
-¡No lo he de ver, hijo mío! ¡Claro que sí! ¡Bendita sea tu lengua!
            La acémila que llevaba el cadáver del sabio y su mismo peso en libros, el animal que equilibraba de ese modo restos mortales y sobras verbales, el silencio inevitable de la muerte y la elocuencia de ideas brillantes como dinares hicieron pensar a Ibn Arabí muchas veces en el curioso orden del destino: también él solía escribir llenando  tanto papel como pesaba, pero en una de las apariciones de Khadir el Verde, éste le dijo:
-Más sabio es el burro que lleva filósofo y libros que los libros y su filósofo. Así también fue de sabio el pollino que introdujo a Jesús en Al-Kuds, la ciudad santa.
-¿Insinúas que un asno vale más que uno hombre, acaso?-preguntó Ibn Arabí a su recurrente y verde mentor.
-De ninguna manera, amigo mío. Es el asno el que no vale menos que el hombre, y eso lo has visto tú en el fúnebre viaje de Averroes.
-Ahora comprendo lo que piensa Jabir ibn-Hayyún en su Libro de las balanzas : Averroes alcanzó la horizontal, llevó ambos platillos-su vida y sus libros-al astil del equilibrio gracias al asno.
-Sin embargo-sonrió Al Khadir-no es necesario morir para entender que el asno es el cuerpo, y   que para no caer al abismo ni despeñarse el burro debe mirar la senda que pisa, tan seguro del aire que respira como del peso exacto de sus patas.¿De qué vale que tu obra pese tanto como tu cadáver si antes no has sido burro que no se cae, si antes no has rebuznado de felicidad ante las joyas del rocío y la conversación de las rosas?
            A punto de morir, Ibn Arabí de Murcia recordó la famosa escena y pidió que lo asomaran a la ventana de la casa en la que iba a pasar al otro mundo. Si veía un pollino en el campo, las palabras de su diálogo con Al Khadir habrían tenido lugar; en caso contrario quizás le fuera necesaria otra vida para convertirse en sabio. Dificultosa la respiración, velada la vista, contempló su  propio y ajado rostro en el vidrio de la ventana y comprendió que también los rebuznos alaban al Creador.

Mario Satz


Mario Satz es poeta, narrador, ensayista y traductor, nacido en 1944 en Coronel Pringles, Buenos Aires, en el seno de una familia de origen hebreo. En 1970 se traslada a Jerusalén para estudiar la Cábala y en 1978 se establece en Barcelona, donde obtiene una Licenciatura en Filología Hispánica. Hoy combina la realización de seminarios sobre la Cábala con su profesión de escritor.
Incansable viajero, ha recorrido Estados Unidos, buena parte de Sudamérica, Europa e Israel.
Publicó su primer libro de poemas, Los cuatro elementos, en la década de los sesenta, obra a la que siguieron Las frutas (1970), Los peces, los pájaros, las flores (1975), Canon de polen (1976) y Sámaras (1981).