Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



sábado, 28 de enero de 2012

El poeta Virgilio en la mirada de un humanista

            Virgilio. Memorias del poeta, es el nuevo libro del latinista, escritor e investigador Hugo F. Bauzá, publicado por Biblos en los últimos meses del 2011.  La obra, que  lleva el subtítulo: Una autobiografía espiritual, ha sido dedicada a Hermann Broch, el eminente autor de La muerte de Virgilio.
            Deberá aceptarse  que ni el libro  de Broch ni el  de Bauzá podrían  ser considerados  estrictamente como novelas, si se piensa en el género con criterio decimonónico, como capaz de imponer  tiempo-espacios o perfilar totalmente a sus personajes ante un lector;  pero sabemos que tal inmanencia ficcional ha desaparecido o se ha debilitado en el siglo último. La  amplitud novelística  permite su extensión hacia la novela-ensayo, la novela cultural, las autobiografías  ficcionales, etc. La mencionada obra de Broch es un  gran ensayo sobre la decadencia de Occidente, penetrado por la reflexión de un hombre cultísimo que supo captar la esencia de una civilización y su desgaste a partir de la Modernidad.  Otros escritores han construido  la memoria de un héroe histórico, así Marguerite Yourcenar en sus Memorias de Adriano, traducida en los ’50 por Cortázar y reeditada hace pocos años, o Robert Graves, en su libro Yo, Claudio. A esa estirpe pertenece la obra  de Hugo Bauzá,  con la característica de que éste invierte la perspectiva: su héroe  representa a la Creación Poética,  históricamente sometida  por el Poder político y  económico. 
            La supuesta memoria autobiográfica del poeta mantuano va desplegando ante nuestros ojos, en este libro que reuniría apuntes del poeta,   su vida, formación, maestros, viajes y relaciones, a la par de sus obras,  temas, preocupaciones y evolución espiritual. Más “objetiva” en los primeros capítulos, que dejan transparentar al erudito autor del libro, esa memoria se va haciendo más interior y existencial en los siguientes,  que revelan la madurez de Virgilio, su aquiescencia y simultánea lucha con el Poder, los tramos de su poética llena de sabiduría, y finalmente su dudosa muerte,  aparentemente inducida por su protector, César  Augusto. El proyecto de la destrucción de la Eneida por el poeta también es tratado en esos capítulos finales, como decisión no cumplida, que se habría originado  en  un acto último de integridad e independencia ética frente al tirano, movilizador de la obra.
            Una prosa elegante, sembrada de citas y referencias,  y en particular  -como era  esperable- de citas de Virgilio, se despliega a lo largo de 28 capítulos, enmarcados entre una nota introductoria y  dos  epílogos en  los que asoma  el autor-editor del manuscrito. Procedimiento éste del relato enmarcado que no es  nuevo sino de vieja data, pero  sigue siendo  eficaz, especialmente cuando el autor  deja ver intencionadamente los hilos de su trama,  jugando con la doble perspectiva de su propia mirada y la del personaje  abordado.  El relator hace apelaciones a un lector cómplice, pero ciertamente  no  apela a cualquier lector, sino al lector cultivado en las humanidades clásicas o aquel que, sin haber alcanzado ese nivel, es capaz de disfrutar de un clima de cultura.
            La vida y la obra de Virgilio, reinterpretadas por Bauzá, alternan con rápidos pantallazos sobre su tiempo, su entorno, sus amigos, entre los cuales se destacan Horacio y Mecenas.  Todo este material podría dar lugar a extensos comentarios, pero he privilegiado tres temas conexos y convergentes que ocupan la reflexión del autor a través de su personaje:  el Mito, la Poesía y el Poder. El autor hace gala de hondura poco común para desarrollar y desvelar cada uno de ellos.
            El Mito, los mitos clásicos, de tan llamativa perduración en la tradición de Occidente, están lejos de presentarse ante la mirada de Bauzá como meros relatos que atraen la creatividad del artista o la erudición del filólogo. Por el contrario muestra haber alcanzado un real dimensionamiento de la esfera mítica como soporte de la cultura y de la vida espiritual del hombre. A cada paso de la narración surgen  figuras reconocibles ligadas a la estilización del mito, o situaciones vitales que apelan a su formulación simbólica.  Fiel a la tradición clásica, el autor aproxima definitivamente mito y verdad.
            En cuanto a la Poesía, bien podría decirse  que es el tema axial de esta obra dedicada al “altísimo Poeta” de la Antigüedad latina, respetado por los medievales y los modernos como figura emblemática del poetizar. Cada etapa de la vida muestra al mantuano abocado a alguna de sus obras, y enunciando o defendiendo una poética de alcances universales. Virgilio es presentado como el poeta-vate, iniciado en los misterios religiosos y el ejercicio filosófico,  órficamente ligado al canto y a la música.  
            En el espejo teórico construido por Hugo F.Bauzá no sólo resuenan los acentos de Platón y de Heráclito, también los de Novalis y Hölderlin, los de Rilke y Heidegger.
            En cuanto a la reflexión de Bauzá-Virgilio sobre el Poder bien puede decirse  que sobrepasa ampliamente la vinculación del poeta con su protector César Augusto.  El poeta y el príncipe encarnan polos permanentes de la Historia, que dan lugar a un enfrentamiento  esencial e inevitable y, en este caso, a un alegato por la labor del espíritu.  La figura del poderoso instrumentando al creador, así como la acomodación y/o  rebeldía de éste frente al poder político,  son situaciones reiteradas que inducen al autor a una reflexión ética iluminadora.
            Muchos otros temas adquieren peso en esta obra: la amistad, el amor, la naturaleza, la religión, el rito, la filosofía. Al horizonte de la inmortalidad de las almas, frecuentado por Virgilio, se le superpone el llamado al cultivo de la tierra, que logra  lo más sustancial y equilibrado del humanismo clásico.
           
            El Dr. Hugo F. Bauzá, director del Centro de Estudios del Imaginario Clásico y actual Presidente de la Academia de Ciencias de Buenos Aires, nos ha brindado una obra de excelencia, que en forma explícita recobra a uno de los pilares de la cultura occidental, mientras implícitamente cuestiona a un Occidente  vaciado y degradado, que ofrece ante nuestros ojos la negación de sus valores, la cosificación  del hombre, la mercantilización del arte.

Graciela Maturo
Mendoza, enero de 2012
            

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