Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



domingo, 11 de marzo de 2012

Carlos-Enrique Ruiz

Una simbólica aérea y acuática

por Graciela Maturo



Carlos.Enrique Ruiz. Media hora de lluvia en el jardín. Ediciones Revista Aleph n° 1, Manizales 2012


Carlos–Enrique Ruiz ha puesto en circulación su libro Media hora de lluvia en el jardín, enriquecido con acuarelas de Pilar González-Gómez.  Esta obra reúne casi un centenar de composiciones ligadas por un impulso poético unificante, que viene a sumarse a la valiosa labor del escritor colombiano, conocido por su entrega a la poesía, la proeza de su revista Aleph, sostenida a lo largo de más de cuatro décadas, y su estimable tarea universitaria.  

Ruiz, que es un ingeniero de caminos –que me recuerda las funciones de inspector de obras de su compatriota Jorge Isaacs-  siente la atracción del misterio real y lo traduce por una doble vía: la de una mirada sensible y receptiva, y la de una vigilia interrogante y lúcida.  En otros momentos hemos visto imponerse la segunda modalidad, mientras en esta ocasión prevalece la primera.

Leves toques impresionistas, escuchas del sonido del mundo y anotaciones de sus formas  plásticas se hilvanan en estos poemas atentos al don de cada día,  recorridos por la subyacente interrogación sobre el sentido de la existencia.  En ellos se impone una simbólica aérea y acuática, donde impera la fluidez, la permanente transformación del todo, la continuidad de los reinos.

El poeta hace gala de una serenidad casi oriental, emboza los sentimientos en un discurso ecuánime,  de respiración amplia y ritmos irregulares, cuya  ligera  musicalidad otorga  sentido a su decir y a su callar.  Nos invita a compartir esta contemplación despierta, esta meditación sobre el tiempo y el espacio que nos constituyen,  mostrando nuestra situación entre el naufragio y la espera, entre el errar y la esperanza. 

La poesía surge sin desprenderse del todo del silencio grávido que la precede. Hace lugar a la reflexión que da cuenta de “la fe del carbonero” y “los arrebatos de la apostasía”. Poesía que se define a sí misma: “Divagación en notas de fermosura descompuesta/ con reto de infinito”.

                      Buenos Aires, 9 de marzo de 2012

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