Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



viernes, 30 de noviembre de 2012

Mario Satz: El peso de la sabiduría



Cuenta Ibn Arabí de Murcia que cuando murió Averroes en el año 595 de la Hégira y en la ciudad de Marrakesh, sus discípulos decidieron trasladarlo a Córdoba. El ataúd con su cadáver fue colocado sobre una bestia de carga y como contrapeso pusiéronse sus obras en el costado opuesto. Ibn Arabí nos dice que se hallaba en compañía del alfaquí y literato Abulhasan Mohamed Benchobair y de su discípulo Abulhaquem Omar Benazarrach el copista, el cual, volviéndose a sus compañeros, exclamó:
-¿No os fijáis acaso en lo que le sirve de contrapeso al maestro Averroes en su vehículo?
A un lado va su cadáver y al otro van sus obras, es decir los libros que compuso.
            Con admiración, Benchobair repuso:
-¡No lo he de ver, hijo mío! ¡Claro que sí! ¡Bendita sea tu lengua!
            La acémila que llevaba el cadáver del sabio y su mismo peso en libros, el animal que equilibraba de ese modo restos mortales y sobras verbales, el silencio inevitable de la muerte y la elocuencia de ideas brillantes como dinares hicieron pensar a Ibn Arabí muchas veces en el curioso orden del destino: también él solía escribir llenando  tanto papel como pesaba, pero en una de las apariciones de Khadir el Verde, éste le dijo:
-Más sabio es el burro que lleva filósofo y libros que los libros y su filósofo. Así también fue de sabio el pollino que introdujo a Jesús en Al-Kuds, la ciudad santa.
-¿Insinúas que un asno vale más que uno hombre, acaso?-preguntó Ibn Arabí a su recurrente y verde mentor.
-De ninguna manera, amigo mío. Es el asno el que no vale menos que el hombre, y eso lo has visto tú en el fúnebre viaje de Averroes.
-Ahora comprendo lo que piensa Jabir ibn-Hayyún en su Libro de las balanzas : Averroes alcanzó la horizontal, llevó ambos platillos-su vida y sus libros-al astil del equilibrio gracias al asno.
-Sin embargo-sonrió Al Khadir-no es necesario morir para entender que el asno es el cuerpo, y   que para no caer al abismo ni despeñarse el burro debe mirar la senda que pisa, tan seguro del aire que respira como del peso exacto de sus patas.¿De qué vale que tu obra pese tanto como tu cadáver si antes no has sido burro que no se cae, si antes no has rebuznado de felicidad ante las joyas del rocío y la conversación de las rosas?
            A punto de morir, Ibn Arabí de Murcia recordó la famosa escena y pidió que lo asomaran a la ventana de la casa en la que iba a pasar al otro mundo. Si veía un pollino en el campo, las palabras de su diálogo con Al Khadir habrían tenido lugar; en caso contrario quizás le fuera necesaria otra vida para convertirse en sabio. Dificultosa la respiración, velada la vista, contempló su  propio y ajado rostro en el vidrio de la ventana y comprendió que también los rebuznos alaban al Creador.

Mario Satz


Mario Satz es poeta, narrador, ensayista y traductor, nacido en 1944 en Coronel Pringles, Buenos Aires, en el seno de una familia de origen hebreo. En 1970 se traslada a Jerusalén para estudiar la Cábala y en 1978 se establece en Barcelona, donde obtiene una Licenciatura en Filología Hispánica. Hoy combina la realización de seminarios sobre la Cábala con su profesión de escritor.
Incansable viajero, ha recorrido Estados Unidos, buena parte de Sudamérica, Europa e Israel.
Publicó su primer libro de poemas, Los cuatro elementos, en la década de los sesenta, obra a la que siguieron Las frutas (1970), Los peces, los pájaros, las flores (1975), Canon de polen (1976) y Sámaras (1981). 

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