Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



viernes, 30 de noviembre de 2012

Mario Satz: El peso de la sabiduría



Cuenta Ibn Arabí de Murcia que cuando murió Averroes en el año 595 de la Hégira y en la ciudad de Marrakesh, sus discípulos decidieron trasladarlo a Córdoba. El ataúd con su cadáver fue colocado sobre una bestia de carga y como contrapeso pusiéronse sus obras en el costado opuesto. Ibn Arabí nos dice que se hallaba en compañía del alfaquí y literato Abulhasan Mohamed Benchobair y de su discípulo Abulhaquem Omar Benazarrach el copista, el cual, volviéndose a sus compañeros, exclamó:
-¿No os fijáis acaso en lo que le sirve de contrapeso al maestro Averroes en su vehículo?
A un lado va su cadáver y al otro van sus obras, es decir los libros que compuso.
            Con admiración, Benchobair repuso:
-¡No lo he de ver, hijo mío! ¡Claro que sí! ¡Bendita sea tu lengua!
            La acémila que llevaba el cadáver del sabio y su mismo peso en libros, el animal que equilibraba de ese modo restos mortales y sobras verbales, el silencio inevitable de la muerte y la elocuencia de ideas brillantes como dinares hicieron pensar a Ibn Arabí muchas veces en el curioso orden del destino: también él solía escribir llenando  tanto papel como pesaba, pero en una de las apariciones de Khadir el Verde, éste le dijo:
-Más sabio es el burro que lleva filósofo y libros que los libros y su filósofo. Así también fue de sabio el pollino que introdujo a Jesús en Al-Kuds, la ciudad santa.
-¿Insinúas que un asno vale más que uno hombre, acaso?-preguntó Ibn Arabí a su recurrente y verde mentor.
-De ninguna manera, amigo mío. Es el asno el que no vale menos que el hombre, y eso lo has visto tú en el fúnebre viaje de Averroes.
-Ahora comprendo lo que piensa Jabir ibn-Hayyún en su Libro de las balanzas : Averroes alcanzó la horizontal, llevó ambos platillos-su vida y sus libros-al astil del equilibrio gracias al asno.
-Sin embargo-sonrió Al Khadir-no es necesario morir para entender que el asno es el cuerpo, y   que para no caer al abismo ni despeñarse el burro debe mirar la senda que pisa, tan seguro del aire que respira como del peso exacto de sus patas.¿De qué vale que tu obra pese tanto como tu cadáver si antes no has sido burro que no se cae, si antes no has rebuznado de felicidad ante las joyas del rocío y la conversación de las rosas?
            A punto de morir, Ibn Arabí de Murcia recordó la famosa escena y pidió que lo asomaran a la ventana de la casa en la que iba a pasar al otro mundo. Si veía un pollino en el campo, las palabras de su diálogo con Al Khadir habrían tenido lugar; en caso contrario quizás le fuera necesaria otra vida para convertirse en sabio. Dificultosa la respiración, velada la vista, contempló su  propio y ajado rostro en el vidrio de la ventana y comprendió que también los rebuznos alaban al Creador.

Mario Satz


Mario Satz es poeta, narrador, ensayista y traductor, nacido en 1944 en Coronel Pringles, Buenos Aires, en el seno de una familia de origen hebreo. En 1970 se traslada a Jerusalén para estudiar la Cábala y en 1978 se establece en Barcelona, donde obtiene una Licenciatura en Filología Hispánica. Hoy combina la realización de seminarios sobre la Cábala con su profesión de escritor.
Incansable viajero, ha recorrido Estados Unidos, buena parte de Sudamérica, Europa e Israel.
Publicó su primer libro de poemas, Los cuatro elementos, en la década de los sesenta, obra a la que siguieron Las frutas (1970), Los peces, los pájaros, las flores (1975), Canon de polen (1976) y Sámaras (1981). 

martes, 27 de noviembre de 2012

Wallace Stevens



Mañana de domingo


I. El placer de ir en bata, ya muy entrado el día,
El café y las naranjas, en una silla al sol,
La verde libertad del papagayo
Sobre un tapiz se funden para disipar
El sagrado silencio de un sacrificio antiguo.
Ella sueña un instante y siente
La oscura intromisión de esa vieja catástrofe
Como la calma se oscurece en las luces acuáticas.
Naranjas acres, y las brillantes alas
Verdes parecen cosas que en un cortejo fúnebre
Cruzan serpenteando un agua ancha, sin sonido.
El día es como un agua ancha, sin sonido,
Silenciado por el paso de sus pies soñadores
Por encima de océanos, hacia la silenciosa Palestina,
Dominio de la sangre y el sepulcro.

II. ¿Y por qué dar su tesoro a los muertos?
¿Qué es la divinidad si sólo acude
En sigilosas sombras y en el sueño?
¿No ha de hallar en el consuelo que da el sol, en los
Frutos acres, en las brillantes alas verdes,
U otro bálsamo o belleza terrena
Cosas que amar, como se ama el pensamiento
De los cielos? El dios debe habitar dentro de ella:
Pasiones de lluvia, o el ansia en la nieve que cae;
Dolores de soledad o un fervor insumiso
Cuando el bosque florece: algunas borrascosas emociones
Por húmedas carreteras en las noches de otoño;
Todo, placeres, penas, recordando
Las ramas del estío, los ramajes de invierno.
Éstas son las medidas de su alma.

III. Entre las nubes Júpiter fue a nacer, inhumano.
No amamantado por ninguna madre, ninguna tierra dulce
Dio porte distinguido a su mítica mente.
Anduvo entre nosotros como
Un rey magnífico y gruñón en medio de sus súbditos,
Hasta que nuestra sangre virginal, mezclada con el cielo
Satisfizo el deseo de tal modo que los súbditos mismos
Quisieron percibirle en una estrella.
¿Irá al fracaso nuestra sangre? ¿O se convertirá
En la sangre, tal vez, del paraíso? ¿Semejará la tierra
Todo lo que del paraíso hemos de conocer?
El firmamento será entonces más amistoso de lo que es ahora,
Una parte trabajo, otra parte, dolor,
y casi tan glorioso como un amor sin fin,
No este azul tan hostil e indiferente.

IV. Dice ella: "Me siento contenta cuando los pájaros al despertarse
y antes de alzar el vuelo, prueban la realidad
De neblinosos campos, con sus dulces preguntas;
Pero cuando se han ido y sus cálidos campos
Ya no regresan nunca, ¿dónde encontrar el paraíso?"
No existe guarida alguna para las profecías,
Ni la vieja quimera del sepulcro,
Tampoco el áureo subterráneo, ni melodiosa isla
En donde los espíritus vuelvan al hogar,
Ni visionario sur, ni sombría palmera que haya perdurado
Allá remota sobre alguna colina celestial
Lo que el verde de abril; o que perdure
Cuanto sus recuerdos de pájaros despiertos,
O su deseo de junio y del atardecer, anunciado
Por la consunción del vuelo de la golondrina.

V. Dice ella: "Sin embargo en la satisfacción aún siento
La falta de un deleite que jamás pereciese".
La muerte es madre de belleza; de ahí que sólo ella
Pueda hacer realizables nuestros sueños
y nuestros deseos, aunque nos esparza
Hojas de destrucción por los caminos,
El del negro dolor, los múltiples caminos
Donde tañía el triunfo sus metálicos sones
O el amor susurraba apenas de ternura,
Ella hace que el sauce tiemble al sol para aquellas muchachas
Que solían sentarse y, abandonadas, contemplar la hierba
Bajo sus pies. Induce a los muchachos
A amontonar las peras, las ciruelas maduras
Sobre una fuente descuidada. Las muchachas las prueban
y apasionadamente se dispersan sobre las hojas en desorden.

VI. ¿No habrá en el paraíso otro tipo de muerte?
¿No cae la fruta cuando madura, o cuelgan
Las ramas siempre grávidas en el cielo perfecto,
Inmutable, aunque tan parecido a nuestra tierra mortal,
Con ríos como los nuestros, siempre en busca de mares
Que nunca encuentran, de las mismas playas menguantes
Que nunca tocan con un dolor inexpresable?
¿Por qué plantar allí el peral, sobre aquellos ribazos,
O perfumar las playas con el aroma del ciruelo?
¡Ay, que luzcan allí nuestros colores,
La trama sedosa de nuestros atardeceres,
Y suenen las cuerdas de insípidos laúdes!...
La muerte es mística madre de belleza,
En cuyo seno ardiente inventamos
A nuestras madres terrenales, despiertas, esperando.

VII. Ágil y turbulento, un círculo de hombres
Cantará entre la orgía de una mañana de verano
Su borrascosa devoción al sol,
No como un dios, sino como podría ser un dios,
Desnudo entre ellos, como fuente salvaje.
Su canto habrá de ser canto de paraíso,
Salido de su sangre, de regreso al cielo;
y entrarán en su canto con cada una de las voces
El lago ventoso donde goza el señor,
Árboles como serafines y colinas con ecos
Que reverberan en coro hasta mucho después.
Ellos conocerán la amistad celestial
De los hombres que mueren y de la mañana de estío.
y el rocío sobre sus pies será el que muestre
De dónde vienen y hacia dónde van.

VIII. Ella escucha, sobre ese agua sin sonido,
Cómo grita una voz: "La tumba en Palestina
No es Pórtico de espíritus que se demoren.
Es tumba de Jesús, donde yació".
Vivimos en el viejo caos del sol,
O en la vieja dependencia del día y de la noche,
O en soledad de isla, libres y sin tutela
De esas anchas aguas de las que no podemos escapar.
Los ciervos recorren nuestros montes y la codorniz
Silba en torno a nosotros sus espontáneos gritos;
Dulces bayas maduran en el páramo,
Y en el cielo aislado, cuando cae la tarde,
Casuales bandadas de palomas describen
Equívocas ondulaciones, al hundirse en la sombra
Con las alas abiertas.

Wallace Stevens (USA, 1879-1955)

sábado, 24 de noviembre de 2012

Poetas en traducciones X: Ivan Malinowski



åbent digt til Vorherre

Fader vor
Du som er i himlen
Her har du anrettet mer end nok
Jeg bebrejder dig ikke
Korstogene inkvisitionen
Koncentrationslejrene
Eller de helliges terror i Brande
Du har mig bekendt ikke direkte
Gjort dig til talsmand for
Impotens frigiditet
Eller offentlig anbefalet
"True Horrors" eller "Det Bedste"
Jeg tror ikke du ville kendes ved
Dine motoriserede feltkirker
Eller de rullende gaskamre
Men jeg anklager dig
Som den egentlige årsag
Til al denne elendighed
Jeg anklager dig for
Stupid som en guillotine
Som en kæmpemæssig slagtekniv
At have flækket en samdrægtig verden
Sat godt op mod ondt og ondt mod godt
Skilt hovedet fra kroppen
Uddraget lyset fra mørket
Som en gnier der vasker guld
Forvist natten af skræk
Og umuliggjort en fredelig sameksistens
Jeg anklager dig for således
Som af skræk
At have knæsat kampens princip
I staten og sengen
I krig og fred
Du har brudt alle broer
Du har sat fjendeskab i verden
Du har ikke skabt jorden
Du har ødelagt den
Jeg anklager dig for denne
Den frygteligste af dine antagelser
Denne ubarmhjertige skilsmisse
Dette dybe blødende snitsår i universet
Ja fader vor
Du som er i himlen
Bliv deroppe
Så bliver vi her
Og prøver at begynde forfra

Ivan Malinowski  (Dinamarca, 1926-1989)


poema abierto a Dios Nuestro Señor  

Padre Nuestro
que estás en los cielos
aquí ya has hecho más que suficiente
Yo no te acuso
por las Cruzadas, la Inquisición
los campos de concentración
o el terror de los justos en Brande
Que yo sepa  nunca
te has hecho cargo
de impotencia, frigidez
ni de promocionar
"True Horrors" o "Reader’s Digest"
No creo que  quieras reconocer
ahora tus Iglesias motorizadas
ni las rodantes cámaras de gas
Pero yo te acuso
de  ser  la real causa
de  toda esa miseria
Yo te acuso a ti, estúpido
de partir como una guillotina
un mundo que fue unánime
y enfrentado bien contra mal y mal contra bien
separado la cabeza del cuerpo
y la luz de la oscuridad
como un avaro que lava su oro
de haber exiliado la noche del miedo
y truncado una existencia en paz
Yo te acuso por tanto
como con miedo
de haber consagrado el principio de la lucha
en el Estado, en la cama
en la guerra y en la paz
Tú has roto todos los puentes
Tú  has instalado el odio en la tierra
Tú no has creado la tierra
la has devastado
Yo te acuso por eso
de la más espantosa de tus conjeturas
la división más inhumana
en la honda herida sangrante del Universo
Si, Padre Nuestro
que estás en los cielos
quédate allá arriba
Nosotros  nos quedamos aquí
y trataremos de empezar de nuevo


Trad.: Alejandro Drewes

viernes, 23 de noviembre de 2012

Aurora Luque: 7 poemas




Acuarela

Hay viajes que se suman al antiguo color de las pupilas.
Después de ver la isla de Calipso ¿es que acaso Odiseo
volvió a mirar igual? ¿No se fijó un color
como un extraño cúmulo de algas
en sus pupilas viejas? Lo mismo que en los pliegues
mínimos de la piel
se fosilizan besos y desdenes, así los ojos filtran
esa franja turquesa del mar que acuna islas,
medusas de amatista, blancura de navíos.
La piel es vertedero de memoria
lo mismo que el poema. Pero acaso unos ojos
extrañamente verdes de repente dibujen
empapados de luz
un boscoso archipiélago perdido.


De Carpe mare (1996)


Azuloscuro

No sé si te parece paradoja
pero quizá no mienta si declaro
la inmensa inteligencia del deseo:
las lentas odiseas por tu cuerpo
en el sabio navío de la búsqueda
en todos los senderos tan exacto,
propicio a saturar, con islas encendidas,
las nostalgias antiguas.

Azuloscuro y sabio es el deseo,
lira que desde lejos obligase a la danza,
a componer un himno de latidos:
la sola inteligencia de vivir
en deseo perpetuo de naufragio.



Carpe noctem

Carpe noctem, amor.
Coge el brusco deseo
ciego como adivino,
los racimos del pubis y las constelaciones,
el romper y romper
de besos con dibujos de olas y espirales.
Miles de arterias fluyen
mecidas como algas. Carpe mare.
Seducción de la luz,
de los sexos abiertos como tersas actinias,
de la espuma en las ingles y las olas
y el vello en las orillas, salpicado de sed.

Desear es llevar
el destino del mar dentro del cuerpo.


De Poemas para la siesta de Epicuro (2008)


Ciudad

Una ciudad del sur con su mitología
urbana vagamente, subrayada de mar,
desgarrada de instintos,
con toda la belleza luchando por asirse
con dignidad a un resto de materia.
Tanta, tanta es la luz sin asidero...


De Carpe Noctem (1996)
  

Del descifrar

Fluir en la corriente sagrada de los versos
de una noche a otra noche
y ser atropellada, ser mordida
por la negra belleza que estalla en las palabras.

Y qué saturación sentir el aire
de otros mundos, la hoja que temblaba
en la lluvia con sol, los astros asomados
a la leve escritura,
un aroma olvidado de la infancia
o un placer sumergido
en las aguas más hondas de la vida:

carne que se entreviese
-erótico fulgor rosado y denso-
bajo el encaje oscuro del poema.


De Problemas de doblaje (1982)


El último titán

Un titán ya cansado, mas hermoso:
esa naturaleza titánica y adusta
que sólo sobrevive en el lenguaje.
Pero nunca en su vida cotidiana:
unas frases copulan, otras se subordinan
y a veces se marchita un sustantivo
como un rostro recién amado y frágil.
Diré que he preferido
la función de adversarias de ciertas conjunciones
y de ciertas elípticas maneras de no estar.
Quién pudiera heredar una lengua de nuevo
tan clara como el brillo directo de una luna,
como un brillo que dance y que penetre.


De Carpe Noctem (1996)
  

Interior

A menudo converso con mis sueños.
Los invito a salirse de la noche
y se sientan, con trajes neblinosos,
junto a mi mesa sucia de papeles.
y les pregunto sobre su sintaxis
porque se ofenden si hablo de semántica.
Hoy he recuperado de sus manos
un fragmento de ti tan exquisito .
como una noche de junio en Gil de Biedma,
un otoño de Keats o aquel sabor a polo de naranja
de las viejas mañanas de domingo.


De Problemas de doblaje (1982)

Aurora Luque (España, 1962)

domingo, 18 de noviembre de 2012

William Faulkner



Orfeo

Aquí está, en pie, mientras la eterna noche desciende
como un sueño entre muros grises,
cayendo frágilmente, frágilmente cayendo
entre dos muros de mermada piedra
tan altos que la vista no puede alcanzar,
entre dos muros cubiertos de silencio.
Aquí está, en pie, sobre un lecho de hojas en el suelo,
en plata solemne de primaveras dispersas,
entre los suaves capullos verdes ante la puerta,
en pie, cantando.

La medianoche, desgajada en aguas siempre declinando,
pesada con flores brotadas que nunca mueren
y una voz llamando siempre, siempre llamando,
dulcemente, serenamente.

Yo soy ella, quien, entre infinitos rostros,
se inclinó hacia ti, hacia la música que dulcemente tañias,
quien caminó contigo, la mano en la mano, a través de espacios numerosos
y te siguió sin temor a través de numerosos bosques.

Yo soy ella, tejida en la lluvia,
balanceada al compás de la música que habías tocado en mí;
quien posó frías manos sobre ti, quien cantó por mil bocas...
Escucha de nuevo la voz, escucha de nuevo la voz...
¡Yo soy ella¡, ¡yo soy ella!

La primavera despierta los muros de una fría calle,
sembrando plateadas semillas de dolor en helados parajes,
a través de praderas que semejan sencillos y callados rostros que sonríen,
a través de arrugados arroyos y hierba que conoció los pies de ella.

Estos sueños vulnerados se levantan ligeros en su mente
para caminar frágilmente junto a muros de sonido marmóreo
y, después, recostarse una vez más.

Yo soy él, quien, cercado por rostros,
miró profundamente en la espectral oscuridad de inflexibles ojos.
Levanto mi mano en la oscuridad inmóvil de rostros,
rompo hilos de lamentos de violín
mientras, débilmente, voy al lugar donde juntos caminamos y soñamos.

Yo soy él, quien, enfermo de belleza,
fluía a través de la oscuridad y la oscuridad cruzaba.
Junto a mí, inquietos miembros de sombra se revolvían y brillaban.
Soy el cerebro que, recostado en la tierra
florecía en tenebrosas briznas contra la oscuridad.

Estos sueños vulnerados se levantan, levemente, en dolor,
para caminar frágilmente junto a muros de sonido marmóreo
y, después, recostarse una vez más.

Y yo, levantado por manos de sombra,
voy dulcemente al lugar donde juntos caminamos y soñamos,
hacia una música tañida en nuestros cuerpos maridados, sosegadamente.

Miembros de sombra giran en espectrales zarabandas,
sus manos me tocan como tocaban y vagaban perdidas las manos de ella.

Yo soy él, soy él,
quien alzó las palmas de sus manos para pedir la lluvia;
cuyos sueños, caminando tan frágilmente, frágilmente declinando,
ahora se levantan y vuelven a caminar.

Y yo, quien caminó en una primavera recordada;
quien en los ojos ensombrecidos de ella y su garganta erguida,
dulcemente vio brotar la risa y desbordarse;
yo, soy las manos que apresaron este oro;
yo soy él, quien la oyó cantar;
quien la vio grabada dulcemente y va al lugar donde estos sueños,
en un tiempo aquietados, se levantan ahora, levemente, en dolor,
giran, crecen y se recuestan una vez más.

Yo soy él, soy él,
quien, a través de constante oscuridad,
tejió una fina red con hilo de dolor
para engañar al fantasma de la lluvia..
Yo soy él, quien, sin sueño, mirando profundamente hacia abajo,
vio las sombras cruzar marmóreos muros de sonido,
un mar en el que me hundo y, sin embargo, no puede ahogarme.

Yo soy él, soy él,
quien alzó las palmas de sus manos para pedir la lluvia,
cuyos sueños, caminando tan frágilmente, frágilmente declinando,
ahora se levantan y vuelven a caminar.

Aquí está, en pie, mientras la eterna noche desciende
como un sueño entre muros grises
cayendo frágilmente, frágilmente cayendo
entre dos muros de mermada piedra
tan altos que la vista no puede alcanzar,
entre dos muros cubiertos de silencio.
Aquí esta, en pie, sobre un lecho de hojas en el suelo,
en plata solemne de primaveras dispersas,
entre los suaves capullos verdes ante la puerta,
en pie, cantando

William Faulkner (USA,  1897-1962)

En:  Vision in spring / Visión en primavera (1923).
Trad. Menchu Gutiérrez, Editorial Trieste, 1987, Madrid

viernes, 16 de noviembre de 2012

LUIS FRANCO: “El mar se embarca”. Poetas de “Papeles de Buenos Aires”.

“Papeles de Buenos Aires” fue uno de los tantos emprendimientos culturales y editoriales llevados a cabo por Roberto Santoro. Bajo su dirección y con la colaboración permanente del artista plástico Pedro Gaeta editaron más de sesenta carpetas - cuidadosamente armadas- con textos de poetas de nuestro país. Agradecemos a Pedro Gaeta la cesión de este valioso material que comenzamos a publicar en el número anterior de “Generación Abierta” con poemas de “Mas cuestiones con la vida” de Humberto Constantini”.
Hoy presentamos poemas de “El mar se embarca” del gran poeta y prosista catamarqueño Luis Franco (1898-1988) que “Papeles de Buenos Aires” publicara en el mes de mayo de 1975.


DECLARACIÓN JURADA

“El arte no es un velo de maravilla para disimular lo vulgar, sino una revelación de la profundidad del ser, es decir, de las nupcias de la apariencia y la esencia. Cuando un poeta no es capaz de lo nuevo se queda en lo novedoso, pero la poesía, más que las otras artes, debe revelar el aspecto nuevo de los temas antiguos y los aspectos fundamentales de lo moderno: la falta de reposo en la Naturaleza o creación de cada día: la muerte como un cambio de postura del ser; nuestro parentesco de sangre y espíritu con el cosmos, y la indivisibilidad de cuerpo y alma; la vertiginosa alma submarina llamada el subconsciente; las insidias fosilizantes de lo que fue contra lo que quiere ser: el gigantismo del Eros humano y su belleza; la dialéctica o lucha victoriosa de los contrarios dando latidos a la Eternidad; y la lucha del hombre por hacer peldaños de ascenso de sus propias contradicciones.
Con excepción de los poetas de la hora grande de Grecia, el poeta ha sido hasta hoy en cualquier parte el protegido o cortesano de algún mecenas: gobierno o iglesia, partido a favor público. En adelante tendrá que depender sólo de si mismo, y enfrentarse quemando las naves de regreso, a la conspiración de lo viejo contra lo nuevo, de los dioses, los demonios y las castas contra el hombre, hasta coronarse rey de ese dominio en que verdad y belleza son una sola cosa: estará obligado a ser el más profundo de los hombres, ensayando en sí la libertad que debe anunciar a los otros, como el gallo profetiza en las entrañas de la noche la proximidad de la luz”.
Luis Franco





ESTELIAL


Nos mimbra la estatura de la noche,
la noche que se esconde detrás de sus estrellas.

La Vía Láctea atraviesa su fantasma de lira
recelando una música sin fondo.
Tal vez el tiempo intenta uno de esos instantes
que hacen vibrar lo eterno en nuestro tránsito.
Aquí en los muelles de la noche
como siempre en tus ojos tu alma está partiendo hacia cualquier estrella.
El asombro sereno de suponerte mía
vive todo el misterio de tu gracia
tan constelado como el de la sombra.
Sueño versos que aunaran en su rima
la suavidad sin fin de tu pelo o tus sueños
al enigma de luz que hay en tus ojos,
(tus ojos que hacen olvidar tu cuerpo
tal como el cielo hace olvidar la tierra).
Pero bajas los párpados temiendo
quizás que la excesiva vecindad de tu alma
pueda parar mi corazón en seco.

A tu lado la noche blanquea antes del alba.
Sueño que a dúo nuestros corazones
cruzando están el signo de Estelial,
el genio de las alas perforadas de estrellas,
vencedor de la noche y el olvido.


DIALÉCTICA


El iris que se baña en el rocío
y la onda yacente del remanso
por la onda emigrante avanzan hasta el mar,
o hacia la hidrografía velera de la nube,
o la lluvia, bajando en tumbo celestial,
para iniciar de nuevo la ronda eterna de lo transitorio.
Grillos de roca y nieve de la montaña estorban
el aborto del fuego prisionero en su útero.
Lo constante y lo efímero son dos caras del tiempo,
y ya el retorno muerde la cola de la fuga.
El devenir enlaza
la unidad individua a la unidad del todo
y se da el contrapunto de lo uno y lo diverso
y el equilibrio vivo entre universo y mónada.
Todo lo que palpita acusa
un costado diurno y un costado nocturno.
De atracción y rechazo se inventa la armonía.
La castidad y el coito se besan en la boca.
Doquier, doquier la vida se nutre de la muerte
como de fango y de boñiga el lirio.
Todo muere sangrando en el ocaso
para resucitar sin mácula en el alba.
Lo inmensamente grande y su invisible antípoda
son no más que los polos opuestos del abismo.
Lo de afuera está adentro tal como macho y hembra
y es preciso que marchen acordes y sin trampas
como el dolor y el gozo en su honda cadencia.
¡Siempre la melodía dialéctica del todo!


Luis Franco (Catamarca, Argentina, 1898-1988)