Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



lunes, 14 de enero de 2013

Eduardo Azcuy: El tiempo vivo








El pensamiento sensorio. La realidad perceptible.

Las ideas que tienen el poder de modificarnos y de permitir que a nuestra vida penetren nuevos significados son ideas que tratan acerca del aspecto invisible de las cosas.
Cuando consideramos que la imagen del mundo que nos cae al revés sobre la retina del ojo (como en una cámara fotográfica) es bidimensional, no nos es difícil comprender que Kant llegase a la misma conclusión: la de que el mundo físico es una creación de la mente.
Los sentidos únicamente nos proporcionan mensajes. Con ellos creamos el mundo visible, audible y tangible. Pero, para una aprehensión cabal del mismo, tendríamos que desprendernos de la abrumadora impresión inmediata de una realidad externa en la que estamos invariablemente sumidos.
Estamos en contacto con el mundo exterior por medio de los órganos  de los sentidos, ubicados sobre toda la superficie de la carne.
Si nuestros sentidos trabajasen de un modo diferente, si tuviéramos más sentidos o menos, lo que acostumbramos a llamar realidad, en consecuencia, sería diferente.
La imagen que tenemos del mundo exterior y que tomamos como nuestro criterio de lo real, es algo relativo a la forma de nuestros sentidos externos. En sí mismo, no existe necesariamente como nosotros lo vemos y no puede existir así. Cualquiera que fuere su naturaleza, el hecho es que nosotros lo vemos de cierto modo. Su apariencia está condicionada por nuestros órganos de recepción, impotentes para penetrar por medio de una experiencia directa en el vasto campo de lo invisible.

Nada sabemos realmente de las cosas, fuera de nuestro modo de percibirlas.
“No es menester pensar que las apariencias en sí mismas son ilusiones, o que los sentidos nos muestran un mundo ilusorio. Nos muestran una parte de la realidad. ¿Y acaso la ilusión no comienza ahí donde tomamos las apariencias por la realidad final? ¿No es el comienzo de la ilusión el creer que la percepción sensoria es la única medida de lo real? El mundo visible es real pero no abarca toda la realidad. Está hecho de realidades invisibles que lo rodean y lo penetran. El mundo visible está contenido en un mundo aún más vasto, invisible para la percepción sensorial. Por otro lado, la lógica formal se halla estrechamente vinculada al pensamiento sensorio, lucha contra la comprensión totalizadora y se convierte en una barrera psicológica que impide la comprensión.

El cambio de estado

La transformación psicológica, el “cambio de estado”, es una tarea fundamental, no una quimera ni una posibilidad remota. Si el hombre no se transforma, todo lo que haga estará condicionado por su propia confusión. Reflejará la miseria, los conflictos y las limitaciones de sus creencias, de sus falsas identificaciones, de su estado de “sueño”.
Esta idea del “cambio de estado”, de la creación de un nuevo cuerpo al que puede llegarse por psicotécnicas diversas, ha preocupado a las figuras de mayor dimensión espiritual de nuestra época: Sri Aurobindo, Teilhard de Chardin, Jung, Krishnamurti, Ouspensky, Huxley, Eliade.
Un paso decisivo está  a punto de darse en nosotros y en nuestro alrededor, afirma Teilhard: la evolución ha emigrado ya del terreno biológico al de la espontaneidad psíquica.
Es sin duda en la psiquis donde habrá de producirse la transformación. Pero este cambio de estado no sobrevendrá necesariamente al final de la evolución ni en ningún futuro impreciso. Puede ser ahora y aquí. El hombre debe decidir conscientemente, hay que “estar  alerta” descondicionarse, perforar el espeso velo de la Maya, de la ilusión.
El padre Teilhard pensaba que el cambio debía operarse de adentro hacia fuera y no por medio de coercitivos poderes externos. Por interiorización, por sumo enrollamiento, por medio de una creación.
Del mismo modo lo había visto Gurdjieff, cuando afirmaba que el hombre debe crear su propia alma para existir realmente, para dejar de vivir inmerso en un estado de sueño donde todo  “le sucede”.

Lo esencial para lograr una primera toma de conciencia que pueda facilitar el acceso a un nuevo estado de la mente, consiste en profundizar el conocimiento de sí mismo. Hace tiempo que practico hasta cierto punto ese previo “estado de alerta”, lo cual me permite obtener un nivel que podría llamar de “conciencia permanente”. Desde allí es posible observar desde un punto de vista despersonalizado, “ver” cómo a nuestro alrededor se vive dentro de jaulas, atrapados en los prejuicios y en los engranajes de la máquina social. Cómo el hombre se aferra a lo intrascendente, se adhiere y se identifica  con lo transitorio, como  marcha desesperado en pos de logros materiales y engrandece su “Yo” relativo, creado por los sentidos ordinarios.
La literatura budista, el Zen y sobre todo Krishnamurti, me ayudaron mucho en este esfuerzo. Según Efremov, un pensador ruso moderno que ha superado su marxismo formal mediante un impulso trascendente, no hay salida si la ciencia no se aplica a transformar al hombre en “dios” y a la mujer en “maga”. Cabe esperar de allí una inmensa e impredecible renovación cultural de lo humano.

Eduardo A. Azcuy


Reseña biográfica y selección de textos de Eduardo Azcuy en:

Identidad cultural. Ciencia y tecnología. Aportes para un debate latinoamericano (1987)

http://dossierstematicos.blogspot.com.ar/2009/06/dossier-n-1-eduardo-antonio-azcuy.html


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