Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



martes, 16 de abril de 2013

Sobre "LA MANO DE MUÑECA" de H. Cixous, por Alejandro Drewes




Se admira aquí, en este ensayo filológico, la profundidad en la indagación hacia el núcleo abisal de la lengua otra, la interpelación ante lo extraño, ante lo  unheimlich; con toda la carga del pasado (Gegenwart) (**) que subyace de trasfondo a las preguntas de la autora, entre el lado francés y el lado alemán. Los enemigos históricos; el otro  ajeno, distante y rechazado, via la  irrupción en escena de un objeto (Gegenstand), tomado de entrada por lo que no es y banalizado, que adquiere toda su horrorosa significación  por la lengua. No por la lengua materna, sino por la lengua del enemigo; del que sale  a nuestro encuentro (entgegenkommen).
Aguda observación la de la autora  sobre el temperamento de ambas lenguas. Sin duda, la lengua francesa tiende a lo fragmentario y centrífugo; lo que tiene de  latino y románico la hace expansiva, con tendencia a desdoblarse en palabras múltiples, como aproximaciones sucesivas, al objeto; en tanto que la lengua alemana ejecuta operaciones simétricamente inversas, y conforma palabras a partir de dos o tres sustantivos, que terminan “incrustados”, mutando todos menos uno de su inicial función denotativa de la cosa: Por ejemplo el sustantivo compuesto Puppenhand, donde ya Puppe(n) ha pasado a tener una función genitiva, no denominativa de la cosa, y ha modificado su relación o isomorfismo inicial con esta.

“He aquí el giro: todo ha girado en una dirección ajena. Sólo en aquel momento lo que había podido pasar por eine Sensation, puede convertirse en algo muy distinto: algo de teatro y desmesura. Todo cambia. Todo salta con una mina, incluidos los tiempos. De un segundo a otro, se deja de ser un muchachito y se pasa al pluscuamperfecto de la fatalidad. El tiempo da un brinco alrededor de esa cosa inaudita que hay que leer en alemán para comprender todo su alcance. Es la historia de una mano de muñeca, Puppenhand.”

Este pequeño texto y el resto del texto, sin duda, deben poder leerse en alemán. El relato de una mano de un (desconocido) niño alemán o austríaco, que una mina personal o un caza norteamericano decidieron separar  del cuerpo de ese mismo niño alemán.  Una mano por lo demás insepulta que ha seguido a la intemperie quién sabe por cuánto tiempo.  

"En aquel instante, dice Thomas Bernhard en Die Ursache, vi toda la impotencia de quienes habían entrado sin transición en la guerra."


Como si se hubiera pasado sin transición de un país a otro país, eso es lo que ocurre con ese entrar sin entrar, con ese franquear el tiempo. Ayer ha caído al fondo del pluscuamperfecto.
Ursache, palabra cuya traducción de entenderse como posible, supera ampliamente a las versiones  con que se la despacha habitualmente en castellano; y  a su indecibilidad desde la (centrífuga) estructura de la lengua francesa.   Que remite a causa primigenia en el prefijo (ur). Es decir: lo primigenio de la cosa (Sache) como su causa. Lo inenarrablemente antiguo de una mano de niño separada de su cuerpo de niño; volando en un momento indeterminado (gegen) a una distancia desconocida de su cuerpo de niño.
Se pasa sin transición de una lengua a la otra; de la vida  a la muerte. De la sonrisa de un niño sin rostro que fue a una mano de muñeco aplastada sin querer por una suela ciega, por el zapato de una Historia ciega y sin piedad.
Se pasa “über die Linie”/ “sobre la línea” y ya no hay retorno posible. Sin documentos detrás de la frontera, al país  de ninguna parte. De la infancia a la nada, de lo rojo a lo negro. Caída libre y choque (Gegenstoß) estrepitoso del ser al fondo del pluscuamperfecto.
“...creí, al mirar aquel objeto blando (weichend Gegenstand) [mientras echaba una ojeada al Gegenstand], que se trataba de una mano-de-muñeca (ein Puppenhand) mis compañeros de clase, también ellos, habían creído que se trataba de una mano-de-muñeca, pero era una mano-de-niño arrancada a un niño. Sólo a la vista de la mano de niño este primer bombardeo de aviones americanos sobre mi ciudad natal dejó de ser un acontecimiento sensacional que enfebrecía al muchacho que yo había sido para convertirse en una intervención horrible de la violencia y una catástrofe."

Es handelt sich… / (Aquí) se trata de… ¿de qué?

De la peor de las pesadillas en Puppenland. De aviones desde el cielo separando de un violento tajo certero a cientos de niños de sus cuerpos de niño. De cuerpos de niños y no-niños volando por el aire, disparados por las fuerzas centrifugas de las explosiones. Y como siempre, la lengua intenta suturar los pedazos. El poeta, Bernhard, se vuelve la voz del testigo del horror. Del que toma nota azorado de la consistencia del objeto blando en la lengua que sutura como puede los pedazos. Y alguien, desde la otra lengua, hurga entre los escombros intentando comprender. Como Bachmann y su camisón en llamas mucho después; como el suicidio del testigo de cargo: la Historia como un escandaloso malentendido. Y el habla y sus trampas, como siempre sus zonas de sombra, sus lugares desolados.


“Entonces en la calle Gstätten ante la iglesia, se pisa un  Gegenstand que dice lo indefinido, lo contra, la cosa que es no-yo  (una palabra irreemplazable, en francés nos vemos obligados a traducirla por objeto, lo que no es erróneo, puesto que ob, el ob latino, ob/jeto, funciona un poco como gegen/stand, pero Gegenstand es más abstracto, más mental que la palabra objeto).”

"Auf dem Weg in die Gsttättengasse war ich auf dem Gehsteig, vor der Bürgespitalskirche, auf einen weichen Gegestand getreten, und ich glaube, es handle sich..."

Esta escena transcurre frente a una iglesia. Y sobre una calleja o callejón (Gasse). El camino sin salida. Presumiblemente, el Cielo aun no ha decidido bombardearla.  Su mole inútil asiste en silencio al silencio del cronista, que toma de súbito conciencia del objeto blando que pisa  El objeto que la conciencia de todos ha querido tomar por una simple mano de muñeca.
Ciertamente, no podemos disentir, uno anda por la vida pisando objetos filosóficos…

“Pero bruscamente la mano no es ya lo que se cree, esta falsa mano no es otra cosa que una mano que había sido-antes de tener el aspecto de ser una mano simulada-una mano de otra especie, una mano articulada en un niño, una mano de un tercer género: ni de muñeca, ni de niño, sino más exactamente: una mano-de-niño-arrancada-a-un-niño


"...aber es war eine von einem Kind abgerissene Kinderhand gewessen" 

"...pero era una-de-un-niño-arrancada-mano-de-niño."


Véase la distancia entre la advertencia y la dificultad del ajuste: Kinderhand/Puppenhand.
No se nos dice: pero era una mano de niño. Tampoco se nos dice: era una
mano arrancada a un niño. Se nos dice que era una Kinderhand arrancada a
un niño. De modo absolutamente sutil, se nos dice que lo que ha sido
arrancado a un niño, no es su mano, no es una mano, es una Kinderhand.
De hecho no hay separación clara entre Kinderhand y Puppenhand. Si os
arrancan una pierna, no diréis que es una pierna de hombre arrancada a
un hombre. Lo que la frase dice de un modo  unheimlich, es que lo que ha sido arrancado aun niño es una mano-de-niño. Surgen especies, como la especie de los buscadores,
de los hurgadores-en-las-ruinas.”

Uno recuerda a Kafka, sus Diarios, y la historia aquella de la mendiga de Praga: “Quisiera ser aquella niña de las ruinas…” Pues bien, hemos alcanzado al fin esas ruinas; solamente que nos rodean por todas partes, humean y no podemos escapar de ellas. Son lo que somos, esto. Hurgadores en las ruinas de un mundo conjugado de un martillazo en el pluscuamperfecto.

“Es handelt sich…Es war einmal...“

Cartago bajo el fuego y la sal; la Gsttättengasse desembocando en una callejuela de Sarajevo; entre los cuerpos inmóviles de Shabra y Shatila, en cualquiera de los campos del infierno que supimos conseguir. Donde los niños vuelan eternamente en pedazos de muñecos con los resortes al aire, y desbordan las palabras.

Handle with care this box /  Manipular con cuidado esta caja
Enclosed you will find: Hands of kids / Manos de niños

(**) Gegenwart: en alemán, una acepción habitual remite al tiempo presente, en particular al tiempo gramatical. El juego de palabras de identificarlo en cambio con su opuesto; con la palabra “pasado” en castellano, procura describir el absurdo de la Historia: el pasado y lo peor del pasado redivivo y actualizado en el (horroroso) presente que nunca acaba de convertirse en futuro.

Alejandro Drewes

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LA MANO DE MUÑECA 
Hélène Cixous



El Bombardeo bombardea el espacio y bombardea igualmente el tiempo. De pronto el tiempo se rompe. En el mismo momento del bombardeo, el tiempo es retirado de bajo mis pies. La avenida del tiempo se derrumba ante mí. El futuro desaparece tras un horizonte de nubes. El presente se ha deslizado bajo tierra. Se mira el propio instante del bombardeo desde el punto de vista de un futuro enfriado. Han matado un tiempo. No se sabe ya de qué lado se está. Los seres humanos que eran personas y gente hace una hora yacen probablemente bajo una frase que se huye dando brincos desordenados, como si no pudiera decidirse a "soltarlo", a llevar el mensaje de muerte. La frase se alabea en una trayectoria segmentada, galopa flaqueando como un caballo corre aún con una pata rota, sólo tropezando diez veces se acerca a lo que oculta y por fin se derrumba ante el inmenso cúmulo de escombros humeantes bajo los cuales los fragmentos de tiempo y sus antiguos habitantes están verosímilmente amontonados como convertidos de pronto en muertos de muerte como dice Thomas Bernhard.

Cuidado porque se sigue bajo los bombardeos va a llegarse al lugar-instante donde la escritura tiene su fuente. Nace de una grieta entre el mundo aniquilado y el siguiente, de donde brota una noche sobrepoblada de seres algo extraños.

Se la reconoce(rá) porque uno (no) reconoce eso que brota, incalificable, por una hendidura. Incalificable: cautivador. Como la belleza. No hay distancia entre la cosa de horror y la cosa de belleza.
Está la guerra, causa de la mutación instantánea y totalmente imprevisible de las especies.

Al borde del abismo se necesita llevar a toda prisa el diario de lo inconcebible, para no caer en la locura. Se escribe la locura para permanecer  con ella al lado evitando la caída. Para seguir en la impotencia sin ahogarse en ella. En una descalificación detenida; dispuesta poco a poco.

Acababa de producirse un bombardeo. Los habitantes habían cambiado repentinamente de especie. Los unos estaban ahora muertos los otros habían sufrido otra mutación: se habían convertido en "Buscadores".
"Hurgadores" he aquí lo que eran.


"En aquel instante, dice Thomas Bernhard en Die Ursache, vi toda la impotencia de quienes habían entrado sin transición en la guerra."


Como si se hubiera pasado sin transición de un país a otro país, eso es lo que ocurre con ese entrar sin entrar, con ese franquear el tiempo. Ayer ha caído al fondo del pluscuamperfecto.


Entonces Thomas Bernhard toma el camino que lleva a la Gstättengasse. Ante la iglesia del Bürgerspital, había caminado (era ayer, pero un ayer arrancado en el relato de las profundidades del pluscuamperfecto), había pisado un "objeto blando".
"...creí, al mirar aquel objeto blando (weichend Gegenstand) [mientras echaba una ojeada al Gegenstand], que se trataba de una mano-de-muñeca (ein Puppenhand). Mis compañeros de clase, también ellos, habían creído que se trataba de una mano-de-muñeca, pero era una mano-de-niño arrancada a un niño. Sólo a la vista de la mano de niño este primer bombardeo de aviones americanos sobre mi ciudad natal dejó de ser un acontecimiento sensacional que enfebrecía al muchacho que yo había sido para convertirse en una intervención horrible de la violencia y una catástrofe."


He aquí el giro: todo ha girado en una dirección ajena. Sólo en aquel momento lo que había podido pasar por eine Sensation, puede convertirse en algo muy distinto: algo de teatro y desmesura. Todo cambia. Todo salta con una mina, incluidos los tiempos. De un segundo a otro, se deja de ser un muchachito y se pasa al pluscuamperfecto de la fatalidad. El tiempo da un brinco alrededor de esa cosa inaudita que hay que leer en alemán para comprender todo su alcance. Es la historia de una mano de muñeca, Puppenhand.

Es una historia de Puppenhand. Esta historia está en alemán, una lengua que tiene con gran abundancia y facilidad palabras compuestas. Cuando decimos en francés una mano de muñeca, el alemán dice una Puppenhand, una muñeca mano. Una mano-tenida-mencionada-definida-inarrancable.
Nosotros descomponemos, articulamos. En alemán es a la inversa, la palabra forja un único todo, de fragmentos y de piezas, una sola palabra que se da la mano.
Otra palabra atractiva aquí: ein Gegenstand, el objeto, una palabra que ahora tiene habitualmente valor filosófico. He aquí que por la calle se pone el pie sobre un "objeto" que pertenece
a la esfera filosófica. Otras palabras dicen el objeto en alemán, desde la palabra Objekt, hasta la cosa, das Ding. Pero poco a poco Gegenstand ocupa lugar en lengua alemana, está compuesta de stand, estar allí, un ser de pie, y gegen que dice el contra en todos los sentidos de la palabra contra, lo muy cercano, lo que está contra, pero que también puede ser el contra del antagonismo. Gegen es también el hacia, el alrededor,  lo cercano. Por aquel entonces, se utiliza la palabra gegen. El "objeto" es lo que se mantiene en una región que se define por direcciones, orientaciones, proximidades o alejamientos que son gegen.


Entonces en la calle Gstätten ante la iglesia, se pisa un  Gegenstand que dice lo indefinido, lo contra, la cosa que es no-yo  (una palabra irreemplazable, en francés nos vemos obligados a traducirla por objeto, lo que no es erróneo, puesto que ob, el ob latino, ob/jeto, funciona un poco como gegen/stand, pero Gegenstand es más abstracto, más mental que la palabra objeto).

"Auf dem Weg in die Gsttättengasse war ich auf dem Gehsteig, vor der Bürgespitalskirche, auf einen weichen Gegestand getreten, und ich glaube, es handle sich..."


Subrayo ese handle por el que subrepticia la mano llega; handle en inglés quiere verdaderamente decir manipular, es la mano que trabaja. En alemán, handeln tiene el valor de tratarse de. Pero esa palabra del todo banal pone en circulación la mano/ Hand. Como si antes de la llegada a la clara conciencia de la naturaleza exacta del Gegenstand, una mano fantasma dijera ya su nombre, por presentimiento.


"...es handle sich, wie ich auf den Gegenstand schaute, um eine Puppenhand, auch meine Mitschüler hatten geglaubt, es handelte sich um eine Puppenhand..."


"...Yo creía que "se trataba", mientras contemplaba el Gegenstand, de una mano-de-muñeca, y mis compañeros de clase, también ellos, habían creído que se trataba de una mano-de-muñeca..." [el subrayado es mío.]
                  


Pero bruscamente la mano no es ya lo que se cree, esta falsa mano no es otra cosa que una mano que había sido-antes de tener el aspecto de ser una mano simulada-una mano de otra especie, una mano articulada en un niño, una mano de un tercer género: ni de muñeca, ni de niño, sino más exactamente: una mano-de-niño-arrancada-a-un-niño


"...aber es war eine von einem Kind abgerissene Kinderhand gewessen"  [El subrayado es mío]

"...pero era una-de-un-niño-arrancada-mano-de-niño."



Véase la distancia entre la advertencia y la dificultad del ajuste: Kinderhand/Puppenhand.
No se nos dice: pero era una mano de niño. Tampoco se nos dice: era una mano arrancada a un niño. Se nos dice que era una Kinderhand arrancada a un niño. De modo absolutamente sutil, se nos dice que lo que ha sido arrancado a un niño, no es su mano, no es una mano, es una Kinderhand.
De hecho no hay separación clara entre Kinderhand y Puppenhand. Si os arrancan una pierna, no diréis que es una pierna de hombre arrancada a un hombre. Lo que la frase dice de un modo  unheimlich, es que lo que ha sido arrancado aun niño es una mano-de-niño. Surgen especies, como la especie de los buscadores, de los hurgadores-en-las-ruinas. He aquí otra especie desconocida aún: "se trata" de una mano-de-niño, que es comparable, substituible y que se confunde con una mano-de-muñeca. Y en el momento en que se pisa la
cosa te deslizas en el mundo donde sólo la escritura puede plasmar estos deslizamientos, estas humanizaciones-deshumanizaciones.

Esta Kinderhand es alcanzada contaminada por la cosificación: si se pisa porque se creía que era una mano de muñeca, es que es una especie de mano de muñeca.
Una mano-de-niño-arrancada-a-un-niño se convierte en una Puppenhand, se convierte en un Gegenstand, una especie de objeto, es una pieza, es un pedazo, un pedazo pero que es un todo, y es una especie de cosa terrorífica. Se ha arrancado una mano-de-niño a un niño, como si esta Kinderhand fuera un suplemento extraño propio del cuerpo del niño. Por esta mano-que-era-de-niño, esa mano descoyuntada de lo humano y unida a lo humano por la propia separación, por esa mano perdida, mutada, llega la escritura. Pisamos una mano que echa mano a nuestra alma. Una ligerísima hostilidad me da un empuje de pensamiento.

Acabamos de llegar al momento genético de toda escritura, de toda literatura. Yo creía que era una mano de muñeca, pero la muñeca no era una muñeca, y el niño no era ya un niño. La muñeca y el niño se rozan.
Recordaréis el enigma del cementerio en Hamlet. Hamlet interroga al sepulturero: ¿Para quién cavas? ¿Lo haces para un hombre? No, no es para un hombre. ¿Es para una mujer? No es para una mujer. Es para una
cosa, cavo para algo que fue hombre o mujer, que no es ya hombre o mujer, y que es uno de esos brotes indefinibles, que se codea con nosotros, hombre, mujer, niño, ser humano, parecido y totalmente
distinto, y que hace penetrar en nuestra experiencia la sensación de alteración, de otro, de otra especie que somos. Nos sucede Gegen. Con Gegen comienza a nacer la escritura, en la turbia región de las conexiones, de los reconocimientos, de las identificaciones, de los márgenes, y para ello, para que tenga lugar, ese Gegen ajeno, esa turbación de las separaciones, de las distinciones, es preciso que se haya producido un bombardeo.

De pronto, se escribe. Se escriben cosas que son cuerpos extraños procedentes de nuestra noche. Se escribe con un cuerpo extraño, una mano-de-niño-arrancada a nuestra infancia. No se reconoce nada.

Más tarde, mucho más tarde, me acostumbro a llamar libros a mis antiguas larvas.



En: El amor del lobo y otros remordimientos: Hélène Cixous. 
Trad.: Manuel Serrat Crespo, Editorial Arena Libros (2009)

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