Patmos (fragmento)


Nah ist
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch.


Friedrich Hölderlin



sábado, 18 de enero de 2014

ESPACIO DE POETAS SELECTOS enero 2014 Pier Paolo Pasolini




AL PRÍNCIPE

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida...
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano



El motivo de Charlot
.
.
Sobre las sábanas calientes, retorcidas
abandonado como un borracho o como
un crucifijo, muelle, recién quitado

de la cruz, es la ciega inacción
de un disgusto sin la pureza
que dá al pecado luz de expresión,

la renuncia del enfermo que acaricia
el viejo mal – que aquí me tiene:
y no es noche; ya es mañana, una brisa

cálida jadea en la habitación llena
de mí, de mi lecho blanco y fogoso;
y, fuera, deslumbra, ya alta, la serena

jornada estival. Que todo sea pecado
sensual, bajeza y éxtasis de carne
resonando por el olvidado

barrio – es una pobre radio la que da
nueva certeza, con loca nostalgia.
Esparce alrededor con vehemencia cálidas y descarnadas

músicas de baile; y alegría
popular aflige el arrabal,
tan vivo, reciente; la abrasada vía

festejante de muchachos y perros, la colada
de harapos en la que ondea la miseria...
Ah, dichosa la vida ajena, ¡dichosa

la humilde culpa de sus deseos!




Versos sutiles come rayas de lluvia
.
.
Hay que condenar
severamente a quien
crea en los buenos sentimientos
y en la inocencia.

Hay que condenar
igual de severamente a quien
ame al subproletariado
carente de conciencia de clase.

Hay que condenar
con la máxima severidad
a quien escuche en sí mismo y exprese
los sentimientos oscuros y escandalosos.

Estas palabras de condena
han empezado a resonar
en el corazón de los Años Cincuenta
y han continuado hasta hoy.

Mientras tanto la inocencia,
que efectivamente existía,
ha empezado a perderse
en corrupciones, abjuraciones y neurosis.

Mientras tanto el subproletariado
que efectivamente existía,
ha acabado por convertirse
en una reserva de la pequeña burguesía.

Mientras tanto los sentimientos
que eran por su naturaleza oscuros
han sido atropellados
en la añoranza de las ocasiones perdidas.

Naturalmente, quien condenaba
no se dio cuenta de todo eso:
él continúa riéndose de la inocencia,
desinteresándose del subproletariado

y declarando los sentimientos reaccionarios.
Continúa yendo de casa
a la oficina de la oficina a casa,
o si no enseñando literatura:

es feliz por el progresismo
que le hace parecer sagrado
el deber enseñar a los domésticos
el alfabeto de las escuelas burguesas.

Es feliz por el laicismo
por lo que es más que natural
que los pobres tengan casa
coche y todo lo demás.

Es feliz por la racionalidad
que le hace practicar un antifascismo
gratificante y elegido,
y sobre todo muy popular.

Que todo esto sea banal
ni siquiera se le pasa por la cabeza:
en efecto, que sea así o que no sea así,
él nada se mete en el bolsillo.

Habla, aquí, un mísero e impotente Sócrates
que sabe pensar y no filosofar.
el cual tiene sin embargo el orgullo
no sólo de ser un entendido

(el más expuesto y descuidado)
en los cambios históricos, sino también
de estar directamente
y desesperadamente interesado en ellos.



Manifestar (apuntes)

Manifestar significar con palabras no se podría
pero con aullidos sí
y también con pancartas, o canciones;
.
Vinieron para rehacer el mundo
y, manifestando, se declararon a la altura
La fuerza está en la virilidad, como en otros tiempos
Pero la amabilidad se ha perdido
.
Cualquier cosa que se manifieste
lo único que se manifiesta es la fuerza
aunque sólo sea la fuerza de los destinados a la derrata (1)
.
Todo lo que no se puede significar con palabras
no es más que pura y simple fuerza-
¡Pero cuánta inocencia en no saber esto!
¡Qué jóvenes hay que ser para creerlo!
.
Ya se que la libertad es incompatible con el hombre
y el hombre, en realidad, no la quiere, intuyendo que no es para él,
¡cuántas obligaciones me he inventado envejeciendo
para no ser libre!
De acuerdo, pero los más ingenuos, los más inexpertos, los más simples,
los más jóvenes, aún se inventan más obligaciones de éstas,
es más, al venir al mundo lo primero que hacen es adaptarse a ello;
triunfalmente;
haciendo creer a sí mismos y a los demás
que se trata de obligaciones necesarias a una nueva libertad.
La realidad es que un muchacho venido aquí de la nada, y totalmente nuevo,
se las ingenia enseguida para defenderse de la verdadera libertad (2)
Es, sobre todo, un muchacho que conoce y acepta los deberes;
y manifiesta la fuerza de su aceptación,
maravillosa adulación del mundo.
.
La gracia renace siempre a través de la obediencia
y puede que, puede que…
¡Obedecer a los deberes de la revolución! ¡Manifestando!
.
Por densa que sea la trama de los deberes de un anciano
algo en ella se ha desgarrado
y yo, en efecto, vislumbro la intolerable faz de la libertad;
no teniendo ya ni gracia ni fuerza,
intenté entonces defenderme sonriendo, como precisamente
los viejos, que se las saben todas -
Pero la libertad es más fuerte: aunque sea por un rato
quiere ser vivida -
.
Es un valor que destruye cualquier otro valor
pues todo valor no es más que una defensa
erigida contra ella;
.
y los valores, precisamente, son sentidos sobre todo por los simples;
por los jóvenes
(sólo en ellos, precisamente, la obediencia es gracia);
.
Es en ellos en quienes los Jefes cuentan para seguir adelante,
con sus limpias, inocentes filas -
Sencillez y juventud, formas de la naturaleza,
en vosotras la libertad es renegada
.
a través de una serie infinita de deberes,
limpios, inocentes deberes, a los que, manifestando
se grita con aire amenazador obediencia
que los sencillos y los jóvenes son fuertes
y aún no saben que no pueden tolerar la libertad.

Pier Paolo Pasolini (Italia, 1922-1975)

http://atlasdepoesia.blogcindario.com/2006/07/00136-poemas-de-pier-paolo-pasolini.html


Las leyendas de los signos, por Mario Satz



            Los chinos sostienen que sus ideogramas proceden de las huellas dejadas por los pájaros en la arena, o bien de las líneas que el fuego grabó y resquebrajó en la caparazón de una mítica tortuga. Los árabes, que en la Gran Noche el Corán bajó íntegro del cielo perfumado de helio e hidrógeno  y creó el mundo y luego a Mahoma para que enseñara a deletrear sus nubes y mares, sus montañas y astrolabios en versículos que él mismo no sabía leer. Los brahmanes piensan que en el séptimo chakra situado en la cabeza humana, los cincuenta sellos del alfabeto sánscrito se dan cita para atraer la sabiduría, su dorado revés. Las muescas que los dibujan están por debajo del horizonte: son las raíces de las cosas visibles, sus genes gráficos. Para los griegos, números y letras procedían de Cadmo, inventor de la escritura, hijo de Fénix, el que muere-y-renace. Sócrates opinaba que flaco favor había hecho Cadmo a los hombres, pues al aprender a escribir éstos habían comenzado a olvidar. Entre los toltecas, los sabios en códices eran dueños del rojo y el negro, del fuego y el carbón: lo que habla en voz alta y lo que, en papel de corteza, lo refleja.

            Pero las mariposas conocían los signos de las palabras y los números desde siempre.

            Los kabalistas dicen que Dios llamó a todas las letras, dobles de las estrellas, y les solicitó ayuda para crear el Universo. Una por una se presentaron ante El, menos la primera u alef, que por modestia pasó a simbolizar el inasible Infinito. Una tras otra bajaron las letras-que en hebreo son también números-al calor, el colibrí y la colina, creando por orden alfabético el tesoro de la vida en este  espacio holográfico que habitamos. Las letras hebreas son metamorfosis de la llama, chispas entintadas. Entre los incas, que desconocían la escritura, todo estaba anudado, todo estaba ligado a todo, y por ello y en nudos o quipus de colores clasificaron el medio ambiente que les rodeaba. Un sabio o amauta, para convertirse en auténtico maestro debía sujetar con fuerza la fluyente realidad y, cuando ésta estaba aprisionada en sí misma, liberarla, desatándola. Los mayas sostenían que en la garra del jaguar, en el cáliz de la flor, en la oreja del conejo, en el anillo horizontal de la vertical caña, en la flecha y el pedernal, el maíz y el ombligo de los niños, en el disco del sol y en el arco iris habitaban las formas simbólicas, casi físicas de las palabras. Todo estaba escrito en la naturaleza pero sólo algunas de sus partes podían ser leídas. El límite natural del escriba era la ignorancia del lector; su límite
sobrenatural, la región en la que su balbuceo se convertía en fervorosa renuncia.

            Pero las mariposas conocían los signos de las palabras y los números desde siempre.

            Para los egipcios, los jeroglíficos vivían como polvo en suspensión en el Per Ank o  Casa de la Vida. Los escribas los atraían con espejos empapados de rocío que luego enfocaban hacia el Nilo, el papiro, el ibis o el mono cinocéfalo para sumar a su pulida superficie la onomatopeya de sus voces y la curva de sus siluetas. El polvo divino que contenía las letras y dibujos flotaba en todas partes, pero únicamente en la biblioteca de la Casa de la Vida era descifrado. Sarasvati, diosa hindú de la palabra, está vestida con las hebras del alfabeto, y cada letra de su túnica alude a una parte secreta de su cuerpo.El om reproduce los rasgos fónicos de un placer simultáneo. Brahma, el Creador, lleva una guirnalda de fonemas alrededor de su cuello celeste. Signos con los que produce la manifestación del universo sensible. Leer esas letras en el orden normal del alfabeto es anuloma, la evolución o shrishti;  leerlas en el orden inverso es viloma, la reintegración o nivritti. En el último momento de nuestras vidas,  en el vuelo del suspiro,vemos la otra cara del espejo literal, la trama de luz que hila lo viviente, pero entonces ya no podemos cantar sus muchos poemas. Para Pitágoras,  los números  nacían unos de otros pero se excluían mutuamente al igual que las alas del águila de Zeus, que están  en un único cuerpo para sumar o restar aire. Imaginaba, el de Samos, que las letras eran las madres y las cifras los padres de lo visible, y que las abejas empleaban un lenguaje situado a medio camino entre las sílabas  y los hexágonos en el que la miel zumbaba como Dios.

            Pero las mariposas conocían los signos de las palabras y los números desde siempre.

            Una de las runas más enigmáticas que anotaban los druidas llevaba por nombre pear, y aún hoy no sabemos si aludía a lo invisible, al pensamiento mismo del escriba, o bien era un signo de signos cuyo dibujo copiaba el relámpago y por eso mismo simbolizaba la comprensión instantánea de todo lo creado. Cada vez que alguien la escribía cambiaba de color, tornándose más blanco que la carne del abedul. Los astrólogos de Babilonia primero, más tarde los magos de Persia y luego los filósofos griegos consignaban las obras del cielo con los símbolos de Marte, Venus y la Luna, sosteniendo que la marea estelar los había dejado como espumante resaca en los templos para que los hombres vieran en ellos un reflejo del oleaje cósmico. En el alfabeto Ogam de la vieja Irlanda perviven  aún los trazos de las hojas del otoño sobre la vera de los ríos: leerlos es verlas caer, comprender lo leído descubrirlas en sus árboles, y asimilar lo descrifrado convertirse en la savia que las alimentó. El maestro Abd ar-Rahman al-Bistami(siglo XV)explicaba a sus discípulos que las letras del alfabeto se concibieron desde el principio según el orden de los cuatro elementos, de manera tal que las hay acuáticas,terrestres, aéreas e ígneas. Las recetas de los médicos de su época sugerían palabras frías para la fiebre y vocablos cálidos para el enfriamiento.

            Pero las mariposas conocían los signos de las palabras y los números desde siempre.   
           
            Admirable es este universo con sus miles de especies, variedad de razas, individuos y hábitats, con su geometría, escrituras y códigos genéticos. Incansable el copista que los lee y transcribe con el oscuro fin de hacerlos hablar para que, elocuente, la claridad del  silencio  pueda premiar,al fin, su devota paciencia.
                                                                                                                                

Mario Satz